GARRAF-VILANOVA CON CRUNCH ROCKER

kayak de mar en el garraf

Este sábado pude visitar en kayak una zona que hace tiempo que tenia echado el ojo. La costa del Garraf. Además de una comarca se llama así a un grupo de montañas que forma un parque natural que vigila el sur de Barcelona. Aparte de conocer a golpe de pala este atractivo tramo de costa, se trataba de hacer prospección para ese futuro proyecto de llegar pedaleando de Castellón a Barcelona. Ya tenemos bastante hecho, pero esta costa escarpada y llena de túneles era una incógnita para pedalear.

En la zona hay un par de clubs de kayak de mar muy activos, y con la excusa de la apertura de una nueva tienda de RocRoi, habían montado una salida. El plan tenía muchos atractivos, porque además nunca había paleado tan al norte, y es que me queda a 260 km de casa. Una paliza importante para ir y volver en un día. Tras una llamada a mi muy amigo Txus, todo empezó a cuadrar. Si dormía en su casa ya me ahorraba en un día 180 km. Además durante un buen trozo podía disfrutar de las risas de Txus y de Anita: una compinche de otros bolos de kayak.

El sábado nos pusimos en marcha a eso de las 6, las travesías en kayak no son para dormilones. Aun así el tiempo se nos echó encima y acudimos a dejar el coche en el club náutico del Garraf, punto de partida. De esa forma pude ver en primera persona como es la carretera que une Sitges con Castelldefels. Las subidas no parecían fuertes pero la calzada es estrecha, llena de coches nerviosos y curvas. Que mi amigo Txus fuese en modo Carlos Sainz, tampoco me ayudó a tener ganas de volver en bicicleta. De todas formas pude apreciar una costa preciosa y con un día estupendo para el kayak de mar.

TEST DEL CRUNCH ROCKER

Tras descargar los trastos, vinieron los saludos, estiramientos y evacuación de fluidos varios. Desde luego allí se mascaba el mundo del kayak de mar, más auténtico. Y la prueba es que antes de partir hubo un pequeño briefing para evitar confusiones, y sintonizar las VHF. Yo ya estaba como loco por echarme al agua, porque la postal de la cala, la luz del amanecer, y esos acantilados me ponían realmente tontorrón. Además ese día iba probar un kayak muy interesante: un Point 65 Crunch Rocker. Es un kayak corto, estrecho y con formas muy angulosas. De hecho está lleno de aristas como si estuviese hecho de madera. El barco no me era extraño. Antes de ser propietario Txus, fue de amigos míos que me contaron como iba. Además no hacia mucho, me metí en él para saber de cómo encajaba mi tipazo, en la bañera que tira a pequeña.

Por todo eso con las primeras paladas no me sentía extraño con las sensaciones del Crunch Rocker. Es un kayak de poco volumen, y con el casco con una marcada V. Eso marca su comportamiento, siendo muy bailarín e inestable. Pero es una sensación porque se inclina con mucha, mucha facilidad, pero se aguanta y es que tiene una estabilidad secundaria muy buena. Esa facilidad para cantear y un tamaño tan corto lo convierten en un kayak genial para maniobrar, y funcionar entre las rocas. Encima cuentan que eskimotea muy bien. Yo no estoy en ese escalón, pero tenía un buen indicador y es que la riñonera era la más mínima y baja que he probado. La bañera tiraba a estrecha con lo que cuesta entrar y salir, pero a cambio sentado iba muy acopladito. Acostumbrado a mis kayaks, las piernas las llevaba casi juntas, lo que daba más sensación de inestable.

Ya en un plano muy subjetivo la forma de la cubierta con las líneas tan rectas me encanta. Y el ojo mas experto apreciará unas cubiertas con solo lo justo y necesario: unas gomitas y la línea de vida. Por eso yo lo veo un kayak juguetón, para gente de tamaño medio-pequeño (yo estoy en 1,75 y 80kg) y de un nivel medio-alto. Por si no te has dado cuenta es de plástico tipo sándwich 3 capas. El material y el volumen tan bajo hacen que sea un kayak fantástico para llevarlo en el coche. Para ir de viaje en autonomía se nos puede quedar cortico para que nos quepa todo dentro. Ahí va la info oficial.

largoanchovolumenpesocapacidadtambuchosbañera
49554380 l25 kg145 kgdelantero 24 cm
dia 15 cm
trasero 44 x 26 cm
78 x 41 cm

DISFRUTANDO LA COSTA DEL GARRAF

La primera hora paleando fue un poco tensa. Quería ir pegado a las rocas, y hacer pasos de la costa, pero no me atrevía. En la última salida me quedé tres veces subido a unas piedras sin agua debajo, y pasaba de hacer machadas con una kayak tan “pro” y que no era mío. Además las sensaciones con el Crunch no eran 100 % buenas. Por eso fui a unos 100 metros admirando las paredes del Garraf. La magia solo se rompía con el estruendo de trenes que pasan colgados del muro por alguna parte. Eso, y los aviones porque el aeropuerto del Prat no queda lejos. Al haber venido por la carretera de la costa, tenia referencias, y una de ellas era la cementera donde hicimos una parada para reagruparnos.

De nuevo seguí muy de cerca la línea de costa, y como el agua estaba en ese lado como una balsa de aceite, me arrimé mucho a las paredes de la costa. Pillé a muchos peces tomando el sol en la superficie que no me vieron hasta pasar a un metro de ellos. Como siempre cada vez que veo bichos en el mar, me mola. Hicimos tope con la escollera del puerto de Sitges. Tras ella estaba el pueblo, muy de postal y con encanto. Especialmente la iglesia que junto las casas pegadas parecía formar los restos de una vieja fortaleza. Me hizo gracia ver como la playa estaba protegida por escolleras paralelas a muy poca distancia de la playa. Eran muy bajitas y desde el agua parecían anti tanque o desembarco. En un de ellas frente al Torremar, paramos. El cuerpo protestaba por la falta de almuerzo y el ritmo non-stop. Allí se nos unieron kayakistas que venían a nuestro encuentro desde Vilanova. Yo creo que rozábamos los 30 kayakistas.

Salvado por dos barritas que Txus siempre lleva escondidas en el doble fondo de su chaleco, salimos camino de Vilanova. La escollera del puerto marcaba nuestro destino, y ese tramo no fue muy atractivo. Sin embargo se fue levantando un viento de cara puñetero de unos 9 nudos. En esas condiciones el Crunch Rocker, y como el resto de la travesía, mantuvo el rumbo. Y si había que rectificar era fácil. Este kayak venia de serie con timón chinorri que se de buena tinta que era flojito. Con el viento que iba a más, al doblar la escollera para desembarcar, los borreguitos comenzaron a entrar de lado. Y el comportamiento continuaba siendo fantástico, y me daba confianza. Para surfear no lo pude poner a prueba. Otra cosa que me moló es que me lo pude colocar al hombro y portearlo de forma honrosa los 50 metros hasta el punto de lavado. Es un kayak manejable dentro y fuera del agua.

El final triste de esta historia es que tuve que devolver el Crunch Rocker, y que no lo fabrican. Parece ser que este kayak (y otros de Point) fue diseñado por  Johan Wirsén en Suecia, pero se fabricaban en China. No se por que la marca desterró todos sus modelos para centrarse en su gama de kayaks modulares. Por suerte lo siguen fabricando en china, bajo la marca Jolly Roger, y lo mejor es que el precio, también es made in china.

Poco antes de comer Txus, Anita y yo cargamos los tres kayaks en el coche, como el que cambia las ruedas a un f1: sincronizados y en tiempo récord. Luego ya vino la comida y la visita a la tienda de RocRoi de Vilanova. Tuve sentimientos raros: en doce años era la primera vez que pisaba una tienda de kayaks ¡!! Me lo hubiese llevado casi todo, porque el material era canelita en rama. Pero con la Visa temblando desde hacía 10 días era cuestión de huir de los cantos de sirenas. Pero como dijo Terminator: “volveré”.

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