URDAIBAI Y LA RIA DE BILBAO

kayak de mar en urdaibai

Dice la canción que para hacer bien el amor hay que venir al sur, pero con el kayak no está tan claro el tema. El norte de la península Ibérica atesora un paisaje verde, escarpado y con un mar bravo. Es un campo en los que todos los que nos mola el kayak de mar, queremos meter gol, o al menos jugar. Por eso este viaje otoñal a Euskadi era deseado y temido para mi. Ya había estado kayakeando  cerca por Santander pero con un sabor agridulce. En tres días de kayak he disfrutado de momentazos que te cuento.



El primer día comenzó a la hora de las gallinas, cargándolo todo. De esa forma llegábamos a Mundaka a una hora prudente para palear esa misma tarde. Como otros viajes, este no iba ser rollo caracol (lo-llevo-todo-encima). Éramos dos coches y dos kayaks, con unas distancias retorcidas para hacer porteos. Por eso los planes eran hacer travesías de ida y vuelta por el mar, y el camping Portuondo iba a ser nuestro centro de operaciones. Desde la terraza de la cafetería teníamos delante una postal con la ría que se abría entre las montañas del parque Urdaibai. Tras un pinxo y una birra, nos fuimos al puerto de Mundaka a embarcar, y es que esta costa requiere salir y entrar al mar por puerto, playa protegida o ría. Algo que me encantó fue descubrir es que en Euskadi los puertos no son espacios cerrados y vallados donde todo está prohibido. Son lugares de abiertos, de encuentro y vida social.

Ya en el agua pusimos la proa hacia el monte Ogoño y sus acantilados que conocía de fotos. Muy pronto me acostumbré al movimiento del Cantábrico, me relajé y me dediqué a disfrutar. Subiendo las paredes del Ogoño habia una pareja escalando que se veían como pulgas. Esa relación te hacía ver el enorme tamaño de la mole. Conforme avanzábamos el viento nos daba más y mas, y las olas al rebotar, te venían de todas partes. Especialmente después de pasar la famosa playa de Laga. Sin pasarlo mal, se puso feo. Llegar a Elantxobe fue un momentazo, con esas casas tan típicamente vascas que cuelgan de la montaña, hasta el puerto. No lo hicimos muy largo porque quedaban apenas dos horas de luz. Sin embargo la vuelta con viento a favor fue más rápida de lo esperado. Por eso llegamos con tiempo de sobra, y como marcan las leyes no escritas del kayak, tras recoger todo nos hicimos unas cañas.

Al día siguiente a las 7:00 ya estábamos en orden de batalla. Llegamos a Elantxobe cuando el sol asomaba por el horizonte. El mar estaba movidito pero esa no iba a ser la preocupación. No había nada abierto para desayunar. Tras un paseo por el pueblo nos hicimos al agua casi en ayunas. Tratamos de ir arrimados a la costa para disfrutar del paisaje del Urdaibai. Teníamos playas de piedras gordas pero para desembarcar no eran una opción. Tras pasar un cabo, medio escondido estaba el pueblo de Ea, con su diminuto puerto. Teníamos dudas de si las olas nos dejarían desembarcar, pero si que se pudo, el hambre pudo más que las olas. Con un pincho y una caña entre pecho y espalda, la vida tenia otro color. Hasta creo que salió el sol y se oían campanillas.

La gente de Euskadi es diferente, y viendo el pueblo de Ea se entiende. Montaña detrás y abierto al bravo mar Cantábrico, es un rincón con mucho encanto en pleno siglo XXI. Tras una una hora de paleo nos plantamos en el faro de Lekeito, y un poco más adelante estaba el puerto. Un muro nos separaba de la ría con lo que tuvimos que hacer un corto pero accidentado porteo. Valió la pena porque pudimos entrar con el kayak en un viejo molino de mareas, y descansar a los pies del palacio de Zubieta. Al solecito en el puerto de Lekeito tomamos algo rápido porque había que volver. Al pasar el faro ya nos dimos cuenta de que el viento había desaparecido, y las olas bajado. En esas condiciones y navegando recto hacia Elantxobe (pronto se nos puso a la vista) llegamos antes de lo previsto. Jesus y yo pusimos un buen ritmo y dejamos muy atrás a nuestros dos compañeros. No estuvo muy bien, en términos de seguridad, pero la verdad es que hicimos tres paradas, y aunque lejos, los veíamos venir. Ya secos y con todo recogido nos vengamos del ayuno matinal con un pintxo en las tabernas del puerto.

El plan del tercer día no estaba muy claro, así que al final decidimos hacer la ría de Bilbao. Algunos miembros del equipo, conocían este entorno por temas laborales, pero no en kayak, y esa nueva perspectiva, les molaba y motivaba. Salimos de un lugar con mucho encanto, el puerto viejo de Bilbao, en Algorta. Cruzamos la bahía y ante nosotros apareció Santurce, Portugalete y la ría. Navegábamos los cuatro juntos con el “modo turismo” en posición ON. Por eso nos entretuvimos y recreamos en el puente colgante, los antiguos altos hornos, y los astilleros. Después de dos horas sin parar mis tripas ya miraban por encima de los diques buscando un bar, para repostar. Pero al ir con uno de Bilbao, no hubo manera. Eso y que la marea ya no empujaba hizo durilla la llegada a Bilbao ciudad. Pero valió la pena porque la vista desde la ría molaba: el puente de Deusto, el campo de San Mames, el Gugenheim. Llegados al ayuntamiento dimos la vuelta y buscamos un lugar donde comer. Paramos en un pantalán donde hicimos un poco de circo para desembarcar. Al solecito, con una hamburguesa de 1/4 de kg  en el punto de mira, Bilbao tenia para mi un color especial.

La vuelta fue ligerita y de un tirón ayudados por una agradable brisa. Pasado Santurce, me vine arriba gracias a ir remando con la pala Gearlab de Jesús, y acabé apretando para llegar a Algorta. Gran invento la Gearlab de carbono.

El último dia era el 12 de octubre, momento de volver a casa. Pero aun así queriamos remar, el tema es que pintaba lluvia y mucho viento. El día amaneció muy cubierto pero sin lluvia, así que nos animamos con el plan previsto: hacer la ría de Urdaibai. Tras localizar un punto de embarque cerca de la isla nos pusimos en marcha con la marea baja. Urdaibai es reserva de biosfera y psu ría poco tocada por la mano del hombre. Por eso tuvimos que remontarla siguiendo su curso que se retorcía como una culebra. La marea iba subiendo y nos ayudaba pero aun así había que tener cuidado con no quedarnos embarrancados. La sensación era como navegar por un río. Hasta que se hizo muy estrecho, y donde todo a nuestro alrededor era fango. Este paisaje y el reloj que nos recordaba que teníamos que volver a casita, fueron dos argumentos para dar la vuelta. Por un momento me acojoné porque con tan poca profundidad la marea se convertía en fuerte corriente en contra. Por suerte al abrirse la ria, ese efecto ya no se notaba. Además el viento nos ayudaba a volver. Ahora el paisaje era diferente al de solo unas horas, porque la marea lo cubría todo, y pudimos hacer un recto hasta nuestro punto de partida.

Mientras recogimos, se puso a llover y no soltamos el agua hasta Valencia. Como siempre, al terminar un viaje las emociones chocan. Por un lado ya estás hasta los cocos de tirarte todo el día dale que te pego a la pala. Por otra quieres estirar esos días de tan buen tiempo para el kayak y la compañía de buenos amigos. Es como cuando chupas hasta los cubitos de un buen Gin Tonic. En wikiloc, todos los tracks. Si quieres alquilar kayak por la zona tienes Urdaibai kayak y UR Lekeito .Gracias por compartir en redes sociales.

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