CAMINO DE SANTIAGO EN KAYAK

camino en kayak

Esta última semana de agosto me he embarcado en una divertida y diferente propuesta. Hacer el camino de santiago en kayak. La gente flipaba cuando lo comentaba. Vale que se hace a pie, en bici o incluso caballo… pero en kayak ? Pues si, se puede y mola mucho. Es una propuesta que ya va por la quinta temporada de camino en kayak, y han cogido velocidad de crucero y cada detalle está cuidado al máximo. Y eso se nota en todas las sorpresas que te ofrecen durante el viaje y que no puedo desvelar. La ruta recorre la ria de Arousa buscando emular el traslado de los restos del apóstol hasta la población de Padrón. Allí cuenta la leyenda que remontando el río Ulla amarraron la embarcación a un pilón de piedra, que todavía se conserva.

Como puedes imaginar es un viaje organizado, donde se palea en kayak doble. Yo fui con mi hijo, y con mi muy amigo Key. Camino en kayak te pone todo el material necesario, comidas y hospedaje a un precio de derribo. Tú solo llevas la ganas de comer, beber, y como no…palear. Son cuatro días navegando por lugares preciosos y con muchos números de ver delfines. La última etapa se realiza a pie desde Padrón hasta Santiago de Compostela, y termina como no, en la plaza del Obradoiro. Allí si has sido buen peregrino y has cuñado en todas las paradas, recibes el diploma de haber realizado la Traslatio Xacobea.

CAMINO DE SANTIAGO EN KAYAK 1

Nosotros comenzamos esta aventura con una tirada de más de 1000 km de coche que teníamos desde Castellón. Pero nada más llegar al punto de partida, la península de O Grove, ya nos dimos cuenta de lo espectacular del lugar. El primer día fue de presentaciones con los guías y el resto de participantes. El buen rollo fluyó desde el minuto cero. Al día siguiente el viento daba duro con lo que aprovechamos para que la gente novata se familiarizase con la técnica de paleo, y meter el equipo dentro del kayak. Y es que salvo la comida y el agua cada piragua debía llevar todo el equipo para dormir y ropa.

Me encantó ver como gente que nunca había subido a un kayak en la vida, se lanzó en unas condiciones durillas, y se comportó como verdaderos campeones. Al ser dentro de la ria, las condiciones del océano están suavizadas, pero el viento y el frío son ingredientes a tener en cuenta. Tras comer cruzamos a la isla de Arousa, y allí descansamos en una playa de postal. Luego ya fuimos a buscar el camping.

En la segunda jornada el sol y la falta de viento llegaron para no dejarnos en el resto del viaje. Con esos compañeros de viaje llegamos a la isla de Areoso, un islote de arenas blancas y aguas turquesas, que fue de lo más bonito del viaje, por lo salvaje y natural. Aunque ya nos habíamos atrevido a bañarnos, el agua estaba fría de narices con lo que no hicimos snorkel a pesar de que los guías llevaban monos de neopreno. Después de comer cruzamos a la parte de la Coruña de la ria, buscando el camping. Allí tuvimos el susto del viaje, y es que una compi, se hizo un esguince y lejos de abandonar siguió paleando el resto del viaje. Con una sonrisa, muchas ganas y ayudándole todo el grupo fuera del agua.

La tercera jornada empezó de traca, viendo delfines muy, muy cerca…y encima dando saltos fuera del agua como si quisiesen fichar por un acuario. Hicimos alguna parada para explorar la orilla del cabo de cruz, muy chulo. A mi me ponían muy tontorrón las rocas con pinta de granito y los enormes pinos. Alguno del grupo hasta llegó a pescar una buena pieza que sucumbió en la parrilla y el estómago. Un poco cansados llegamos al camping cerca de Rianxo, donde dormimos de albergue. Allí por la noche tuvimos una cena de campeonato, y es que como decía el Carlos, el capitán del grupo, «cada jornada se comía más y mejor». Lo que sucedió después de la cena no se puede contar, de lo chulo que fue. Solo puedo apuntar que hubo gente que no sabíamos donde estaba a la hora del desayuno.

La cuarta etapa de kayak comenzó con una visita a la isla de Cortegada, un parque nacional con un bosque de laurel, roble y pino. Tras una visita a pie donde perdimos un poco más del tiempo previsto, bordeamos la isla pasando frente Carril, famosa por sus almejas. Allí navegamos con el culo apretado porque unas barras de hierro sujetas al fondo tenían la altura justa para destrozar la delicada fibra de los kayaks. Los fondos transparentes dejaron paso al agua fangosa del río Ulla. Pero eso no fue problema para seguir con los abordajes que nos hacíamos para lanzarnos agua para mojarnos entre risas. Un poco de viento apareció pero nos ayudaba a remontar y compensaba la marea que teníamos en contra. Pasamos frente los barcos vikingos de Catoira, y un poco más adelante montamos el picnic de la comida. Ya faltaba poco para llegar a Padrón, y a mi me dio penita que el tramo en kayak se acabase. Pero bueno la llegada con el sol poniéndose fue un broche brutal, para enmarcar. Si te preguntas la distancia en kayak de los cuatro días, no llegó a los 80 en total.

El quinto día teníamos por delante unos 27 km a pie hasta Santiago. Nosotros que íbamos sobrados paleando, y con una velocidad más…temíamos hacer la risa frente a un grupo de compañeros, curtidos senderistas. Por eso pusimos un ritmo de coche diesel repitiendo muchas veces «esto no es como empieza, sino como termina». Poco a poco fuimos encontrando a más peregrinos, puesto que nuestra etapa coincidía con la última del camino portugués. Compartir esos metros con otros peregrinos le daba color y emoción. Pero mis piernas y pies no se contagiaban del misticismo del momento y protestaban a voces por no estar acostumbradas a caminar tanto. Por eso llegaron pidiendo la hora en el punto donde teníamos que comer. Tras probar las bondades de los licores autóctonos cada uno nos armamos de una pala para llegar a la catedral. Estuvo muy chulo, ver la reacción de la gente al ver llegar casi 30 personas, cantando, aullando y blandiendo las palas. La gente o nos grababa con el móvil o se apartaba asustada.

Llegar a la plaza del Obradoiro fue un subidón de emociones y felicitaciones. Habíamos llegado todos, con una sonrisa de oreja a oreja. Luego ya vinieron las fotos, reparto de diplomas….y la desagradable despedida. Y es que tras varios días juntos de risas, ronquidos  y momentazos habías pasado de tener unos compañeros, a unos amiguetes. Nombrarlos a todos sería difícil, pero si que quiero tener un recuerdo especial para Georbeis, Miguel, Carlos y Retha. Ellos son la gente de camino en kayak que se esfuerzan en lograr que este viaje sea una experiencia única.

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