CAMARERO, UNA DE CALAS

El fin de semana pasada estuvimos haciendo kayak en plena ola de calor de agosto por la Serra de Irta. Por si hay alguien que no la conozca es un trozo de costa virgen en Castellón entre Alcocebre y Peñíscola, unos 13 kilómetros. Por desgracia la pasividad de los ayuntamientos a la hora de dejar pasar vehículos, ha dejado la palabra virginidad y parque natural en un eufemismo. Y eso no es un punto de vista de ecologistas extremados, porque encontramos cientos de sombrillas, con sus respectivos coches. Desde hace varios veranos, siempre me llevo el mismo disgusto de que maltraten ese tesoro de nuestros hijos y nietos.

cala argilaga serra irta

El plan era estar pronto en el agua, por eso casi a las nueve ya estábamos paleando. Tras varios días con el mar como una sopa, el aspecto era como el de una piscina. Eso molaba porque íbamos muy pegados a la orilla y podíamos ir disfrutando del fondo. Normalmente cuando navego la Serra de Irta siempre se me hace larga, hasta que llegamos al punto medio. Esta vez el tiempo me pasó volando. Además fue una alegría encontrar a otros kayakistas de mar que estaban por la zona viajando.

faro de alcocebre

Solo cuando el estómago protestó paramos a almorzar. Teníamos en el punto de mira la península de Peñíscola, pero no estaba claro el guión. Seguir y rodear Peñíscola ? Ser conservadores y volver ? Al final decidimos regresar, pero como no teníamos hora de vuelta ni reloj volvimos más despacio todavía. De esa forma encontramos los manantiales de agua dulce que brotan a los pies de la torre Badum. También descubrí algunas pequeñas cuevas que nunca había visto pese a haber ido un montón de veces a ese lugar. Con esa filosofía paramos tres veces a darnos baños en diferentes calas. Y es que ese día el mar pintaba la mejor cara de la Serra de Irta, y ni el viento ni la ola de calor aparecieron. Por eso se trataba de disfrutarlo en remojo.

kayaks en la serra de irta

Al final acabamos la travesía extasiados: mi compañero Alfonso porque era la primera vez que descubría el lugar en kayak, en vez de por tierra. Mi tontería venía porque había conocido nuevos rincones de la Serra de Irta, y recordé que lo divertido del kayak de mar no es acumular kilómetros. Lo que mola es navegar a un palmo de la orilla, para que nada se te pase, y no llevar reloj encima. Mirando la altura del sol ya te puedes hacer una idea. Eso es la esencia del kayak de mar, descubrir la costa como nadie lo puede conseguir. Y a veces se nos olvida.

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