DIARIO DE KAYAK VERANITO
     

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He estado dos semanas de vacaciones, si se le puede llamar así el ser padre-kanguro-full-time. Pedir vacaciones para cuidar a los niños...... es algo que uno nunca se plantea cuando en algún momento idealiza aquello de ser padre. Es difícil encontrar un hueco propio cuando te entregas a dos enanos. En estos días de playa, piscina, paseos, helados  y sofocones he hecho todo lo posible para mojar la pala. Vale, la bici ha ganado más veces, y he hecho más kilómetros por tierra que por mar, pero por una sencilla razón: durante una semana solo podíamos mirar la mala mar desde la orilla. Al menos he vuelto a educar mi pompis y otras partes del cuerpo a eso de ir en bicicleta. Se cumple aquello que ir en bicicleta nunca se olvida y con poco, he vuelto  a recuperar mis (pocas) habilidades ciclistas.

Volviendo a lo que nos interesa, empecé estos días debutando con el Oasis II con mi hijo mayor, aunque con un día de muy mala mar. Eran tantas las ganas que apenas salimos del puerto. No era plan de truncar las ilusiones del crío y empezar con mal pie. Como terminamos muy pronto se me ocurrió chantajear a mi hijo invitándolo a un suculento almuerzo. Al menos al principio tendrá un interesante "refuerzo" para acompañarme a remar. La idea del complemento gastronomico es de un amigo. Como conclusiones de esta primera toma de contacto, nombrar que cuando las olas acometen el Oasis II, tiembla como si fuese el fuselaje de un viejo avión. Es un poco desagradable y me estoy planteando poner tabiques para reforzarlo de forma longitudinal. La estabilidad a prueba de bomba pese a no llevar un adulto delante. Un día tuve que llevarlo sin pasajero, y se notaba para mal la falta de "equipaje". Su talón de Aquiles continua siendo la direccionabilidad, y la cosa no mejora remando uno solo. He estado comprobando que se puede cantear un pelin, pero cuando el viento pega de lado se te lleva mucho. Continuo valorando poner el timón. Creo que tampoco lleva mal ser manipulado por uno solo, y tiene un tamaño y peso contenido para que un hombre lo mueva.

En una segunda toma de contacto con mejor mar, también mi hija pequeña subió. Las velocidades que se obtienen remando uno solo con este barco son aceptables. Es obvio decir que niños tan pequeños no reman, y el remo es para tener sus manos ocupadas, y que se sientan miembros del equipo. Creo que lo mejor es hacerles creer que ellos son el capitán y los que mandan. Pese a que son niños, creo que es igual que en un adulto: o te gustan o no te gustan las sensaciones encima del kayak. Sin embargo no hay como  alimentar su fantasía y su rol de protagonismo, para que cojan las cosas con más ganas. Ese día no pasamos de un pequeño paseo.

Un tercer intento, me ha permitido hacer siete kilómetros y medio, a un ritmo muy aceptable, aunque creo que no bastaría para seguir kayaks individuales. Eso si te cansas mucho más, aunque tengas el  viento a favor o en contra. El temblor del kayak es molesto cuando te vienen olas de lado y vas pegando con la proa en la superficie. Mi hijo se lo ha tomado con ganas y es una forma estupenda de pasar una hora y pico remando. Creo que no voy a calzar el kayak, pese a lo amplio que es. Detrás llevo muy bien las piernas, aunque los pedales son un poco incómodos pasada la media hora. Estoy pensando en poner una tabla transversal que haga de fondo. El balance es positivo de esto de remar en un k2 con mi hijo. No te diviertes tanto, pero es muy difícil ir callado en un k2, con lo cual el aburrimiento nunca va a  bordo. Creo que la temporada acabará con los fríos, pero intentaré aprovechar con el Oasis, lo que queda de veranito.

 

 
 

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