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Hace poco que ha llegado la primavera y
eso se nota en los mas de 20 grados que había esta mañana y el espléndido sol
que lucia. Como de costumbre he llegado a la playa y he visto el estado
ideal del mar para remar. Una verdadera pena que las fiestas de la Magdalena
hayan hecho lo suyo en el gran numero de ausentes en la salida de hoy. Un día
perfecto para remar merece ser compartido con gente. En unos minutos Pepe y yo
-los "rudder´s boys"- estábamos en el agua.
Hemos tomado la
dirección habitual hacia el sur, buscando el hotel
Voramar. Pepe ha
buscado un paso que hay entre dos peñascos, aprovechando la tranquilidad de la
mar. Buscaba cormoranes y hoy estaban escondidos. Hemos visto algún ejemplar
esquivo, pero ningún grupo importante. Entre bromas y comentarios he
comprobado como Pepe tiene una punta de velocidad superior a la mía. Se notan
las horas de navegación en las que me aventaja. Es un placer remar con el mar
tan tranquilo, y solo el intenso calor y el fuerte sol, podían empañar un día
tan bueno. A mitad camino nos ha alcanzado Ignacio. Yo procuraba llevar una
cadencia de paleo lenta, tratando de hacer los movimientos de la mejor manera
posible. Comprobé en otras salidas que el intentar llevar un ritmo alto me
supone adquirir vicios y malos movimientos que al rato se traducen en dolor en
los brazos. |
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Antes de llegar al hotel hemos intercambiado las palas, y
me he dado cuenta de lo bien que va mi
Aquabound Expedition, después de probar
la de mi compañero. De todas formas no me importaría "echarle el guante" a la
pala
Werner de Ignacio. Era desmontable y todavía estaba buscando su ángulo
idóneo, pero era una verdadera preciosidad con un acabado impecable.
Al
llegar junto al hotel, hemos decidido continuar un poco mas hasta una terraza
próxima al
torreón de San Vicente. Un sitio muy bello, y frecuentado por mi familia.
Recuerdo con especial cariño hace dos años cuando tuvimos la ocasión de
visitar el interior de esta torre que siempre esta cerrado. Recuerdo como fue
una hazaña subir por la escalera con mi hijo en brazos, pero valió la pena al
ver la vista desde arriba. Por un momento te trasladabas a otros tiempos de
piratas.
Charlando
de nuestras cosas hemos ventilado unas cuantas cervezas, y me he percatado que
luego "me ayudan " a volver con mas brío y alegría. La verdad es que lo
agradable e interesante de la charla, y el magnifico sol, me daban ganas de
quedarme allí mas rato. Tras embarcar hemos vuelto a buen ritmo. He
aprovechado el estupendo estado de la mar para ir sin timón. La brisa a favor
ha ayudado a lograr esa increíble sensación de avanzar a buena velocidad. A
medio camino las fuerzas ya no eran las mismas, y hemos disminuido el ritmo.
Ha sido una ocasión perfecta para remar a apenas dos metros de las rocas. En
una zona en concreto, las rocas formaban como unas cabezas de rapaz que
colgaban sobre el agua. Es el producto de siglos de erosión. No he podido
evitar pararme a sentir ese olor salado de mar.
Un poco mas adelante una zona de poca profundidad
frecuentada por submarinistas, he estado disfrutando de la oportunidad de ver
el fondo. Lastima que desde la superficie sea muy difícil ver alguna de las
pocas especies que quedan. Hoy ha sido ideal para un novato como yo para
pasar entre dos rocas que hay antes de entrar al puerto. Ya en el puerto
comentábamos la pena de terminar tan pronto un día tan bueno para navegar. De
todas formas este día ha dejado en mi huellas que tardaran en borrarse. Tantas
horas al sol de primavera sin protección han acabado en unos brazos y la cara
bien rojos. |