DIARIO DE KAYAK VEINTICIINCO DE MARZO
     

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VEINTICINCO DE MARZO

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Hace poco que ha llegado la primavera y eso se nota en los mas de 20 grados que había esta mañana y el espléndido sol que lucia.  Como de costumbre he llegado a la playa y he visto el estado ideal del mar para remar. Una verdadera pena que las fiestas de la Magdalena hayan hecho lo suyo en el gran numero de ausentes en la salida de hoy. Un día perfecto para remar merece ser compartido con gente. En unos minutos Pepe y yo -los "rudder´s boys"- estábamos en el agua.

Hemos tomado la dirección habitual hacia el sur, buscando el hotel Voramar.  Pepe ha buscado un paso que hay entre dos peñascos, aprovechando la tranquilidad de la mar. Buscaba cormoranes y hoy estaban escondidos. Hemos visto algún ejemplar esquivo, pero ningún grupo importante. Entre bromas y comentarios he comprobado como Pepe tiene una punta de velocidad superior a la mía. Se notan las horas de navegación en las que me aventaja. Es un placer remar con el mar tan tranquilo, y solo el intenso calor y el fuerte sol, podían empañar un día tan bueno. A mitad camino nos ha alcanzado Ignacio. Yo procuraba llevar una cadencia de paleo lenta, tratando de hacer los movimientos de la mejor manera posible. Comprobé en otras salidas que el intentar llevar un ritmo alto me supone adquirir vicios y malos movimientos que al rato se traducen en dolor en los brazos.

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Antes de llegar al hotel hemos intercambiado las palas, y me he dado cuenta de lo bien que va mi Aquabound Expedition, después de probar la de mi compañero. De todas formas no me importaría "echarle el guante" a la pala Werner de Ignacio. Era desmontable y todavía estaba buscando su ángulo idóneo, pero era una verdadera preciosidad con un acabado impecable.  Al llegar junto al hotel, hemos decidido continuar un poco mas hasta una terraza próxima al torreón de San Vicente. Un sitio muy bello, y frecuentado por mi familia. Recuerdo con especial cariño hace dos años cuando tuvimos la ocasión de visitar el interior de esta torre que siempre esta cerrado. Recuerdo como fue una hazaña subir por la escalera con mi hijo en brazos, pero valió la pena al ver la vista desde arriba. Por un momento te trasladabas a otros tiempos de piratas.

 Charlando de nuestras cosas hemos ventilado unas cuantas cervezas, y me he percatado que luego "me ayudan " a volver con mas brío y alegría. La verdad es que lo agradable e interesante de la charla, y el magnifico sol, me daban ganas de quedarme allí mas rato. Tras embarcar hemos vuelto a buen ritmo. He aprovechado el estupendo estado de la mar para ir sin timón. La brisa a favor ha ayudado a lograr esa increíble sensación de avanzar a buena velocidad. A medio camino las fuerzas ya no eran las mismas, y hemos disminuido el ritmo. Ha sido una ocasión perfecta para remar a apenas dos metros de las rocas. En una zona en concreto, las rocas formaban como unas cabezas de rapaz que colgaban sobre el agua. Es el producto de siglos de erosión. No he podido evitar pararme a sentir ese olor salado de mar.

Un poco mas adelante una zona de poca profundidad frecuentada por submarinistas, he estado disfrutando de la oportunidad de ver el fondo. Lastima que desde la superficie sea muy difícil ver alguna de las pocas especies que quedan. Hoy ha sido ideal para un novato como  yo para  pasar entre dos rocas que hay antes de entrar al puerto. Ya en el puerto comentábamos la pena de terminar tan pronto un día tan bueno para navegar. De todas formas este día ha dejado en mi huellas que tardaran en borrarse. Tantas horas al sol de primavera sin protección han acabado en unos brazos y la cara bien rojos.

 
 

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