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Después
de varios intentos frustrados, de navegar antes de que se acabase el año, la
suerte me regaló un día estupendo. Había quedado con mi amigo Pepe, y eso era
casi garantía de buena mar. Nos encontramos en el muelle, yo ya vestido y
casi sacando mi Ysak de su "litera" donde pasa el invierno. Era un día de
estreno para mi, porque iba a probar el estupendo
chaleco Chuckle que me había traido Papa Noel. Había tenido ocasión de
probarlo en Poblamarina unos instantes, pero hoy iba a ser su prueba de fuego.
He elegido este chaleco porque por su particular forma libera mucho los brazos,
y me da la sensación de que no debe dar calor. Me había probado otros y la
sensación, de ir con una especie de mochila a cuestas, no me gustaba. También
había decidido comprar un modelo con cremallera delantera para no hacer
contorsiones a la hora que quitártelo y al ponértelo. El cierre del arnés reduce
un poco esta comodidad, pero es un precio que pago a cambio de tener la
posibilidad de remolcar a alguien en un futuro. También pienso que en verano no
podré prescindir de camiseta si quiero protegerme del sol, puesto que este
chaleco tapa poco cantidad de luz solar. Tiene el detalle del silbato, y dos
bolsillos con la capacidad justa, y con redecilla capaz de evacuar el agua.
El otro
elemento que estrenaba era mi primer cubre de neopreno. Es el modelo
Pro Deck Key de Artistic.
Lo pedí hace mucho tiempo, y por especiales circunstancias ha tardado un año en
llegar. Tan deseado, y el chasco fue tremendo, puesto que no entraba en la
bañera del Ysak el día que me llegó. Unos cuantos estirones, y lo he domesticado
de forma que ayer con ayuda, me lo pude poner. La goma que abraza la bañera es
sumamente resistente y tiene pinta de durar toda la vida. Lleva un cinta
antipático que me deja mas tranquilo a la hora de tener dificultades en
abandonar mi kayak. El cuello del cubre es doble de forma que puedes meter el
chubasquero en ese espacio, y es casi imposible que te entre agua. Algo que me
ha encantado es que no ahoga mi incipiente barriguita, puesto que con otros
cubres, la presión era excesiva. Tiene incluso unos orificios para evacuar el
agua que pueda entrar. He elegido un color gris, para evitar los rigores del
calor.
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Estábamos preparándonos para salir cuando viendo el solecito y la falta de
brisa, me decidí a salir sin chubasquero. Salimos del puerto camino de
Benicassim. El sol ya estaba un poco alto aunque algunas nubes lo tapaban de vez
en cuando regalándonos unos juegos de luces increíbles. Allí teníamos ante
nosotros la mar...sin barcos, sin submarinistas, sin motos de agua. Era muy
agradable acercarte a los acantilados hasta casi poder tocarlos, y ver como unos
metros mas arriba salían las aves de entre las rocas. Tanta luz y un agua tan
tranquila, permitía ver el fondo durante toda nuestra travesía de forma
excelente. Esto es algo raro, y hay que deleitarse con ello.
Me
dediqué a remar buscando depurar la técnica, probando cual era el tipo de paleo
más efectivo. Me sentí tremendamente cómodo encima de mi rotomod Ysak, y exploté
algo de lo que mas aprecio de mi embarcación: el grado de acoplamiento.
Sentirla pegada a ti de forma que puedes tomar una posición de apoyo tal que el
tronco puede acompañar la palada, y remar con mas fuerza. Es bonito ver como con
el tiempo vas mejorando la técnica de forma que ir sin timón es lo mas natural
del mundo.
El ritmo
era tranquilo y relajado disfrutando de tan excepcional día, y dando prioridad a
la "charla kayakera". Paramos en una diminuta cala acercándonos hasta casi
embarrancar. Allí una chica nos regalaba con una especie de baile ante el sol.
No sabemos si era una danza mística o los últimos efectos del after hours. En
realidad nos arriamos para examinar una especie de tumba o altar que alguien ah
puesto allí. Otro día bajaremos a investigar. Nos quedamos un buen rato allí
porque en esa zona el fondo es especialmente rico, y siempre se forman
juguetonas olas.
Continuamos un poco mas hasta llegar al
Voramar, donde
tomamos un refrigerio. La vuelta fue fluida y a muy buen ritmo. Dejamos a un
lado la charla de la ida, para volver lo antes posible a puerto. Intenté depurar
de nuevo la palada introduciendo la pala muy delante, y cerca de la proa. De
esta forma se le da la máxima velocidad al kayak. Llegamos al puerto con ganas
de continuar. Yo al menos estaba muy satisfecho de mi kayak y me preguntaba si
debo tener tanta prisa en comprar un nuevo kayak más ligero. Este dia al final
solo apreciaba todo lo bueno que me da mi
Ysak.
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