|
Normalmente cuando acabas una
travesía, ya le estas dando vueltas a la siguiente, o proponiendo la futura.
Debe ser que como te lo has pasado bien, buscas repetir lo antes posible. El año
pasado, me la sugirieron cuando estuvimos en
l´Ampolla, y me pareció una
propuesta genial. Remar por el pantano de
Santolea en el
Maestrazgo de Teruel.
Si el sitio tenia buena pinta, el plan era aun mejor: remar en familia.
Para llevar a tu hijo a una travesía, se necesitan varios condicionantes. Voy a
obviar aquello de que tu hijo quiera ir, y tener un kayak doble.
- que sea un entorno predecible y amigo. Llevas una mercancía valiosa en el
kayak, y buscas el riesgo cero.
- gente que no corra, o que te espere, puesto que aguantas la marcha del grupo a
duras penas.
- que los compañeros sean padres, para que entender cosas como...
"tengo mucho pipi, y no me aguanto....." o los chillidos de terror cuando una
araña como una lenteja sale de su escondite.... (ambas de mi hijo).
Dado que teníamos el escenario a
dos horas y media de coche (unos 170 km) también tuvimos que adaptar la
logística. Subimos el día antes a dormir en
Alcorisa, para volver
después de la
comida del domingo. Hoy por hoy, el tiempo máximo diario que podemos pasar los
niños y nosotros en un coche es de unas dos, dos horas y media. Mas tiempo
asegura unos nervios destrozados, y tentaciones de parricidio.
Nos plantamos a media mañana en el punto de salida, un lugar en la carretera que
va de
Castellote a
Bordon. Nos preparamos con relativa rapidez, y a eso de las 11 nos
echamos al agua. Pasamos un puente, y enseguida se nos abrió todo el ancho del
embalse de
Santolea. Salimos con el cielo muy nublado y algo de chiri-miri. Las
sensaciones eran nuevas para mi. Eso de salir de una especie de cañón, y
encontrar un "mar de agua dulce".....eran parámetros que no estaban en mi
cerebro kayakero.
Como siempre, el lugar es importante pero el momento y la compañía también
suman. En esta época del año la primavera está desbocada y el verde lo invadía
todo. El embalse también estaba a tope de capacidad, de hecho la presa parecía
una taza a punto de derramarse. Esto es bueno para kayakear, porque un pantano
con poca agua se me antoja inmundo. Y bueno, tengo claro que sin guía, el
coliseo de Roma, nos parecerá un solar....y con uno bueno, el Sahara puede ser
una playa a descubrir. Un compañero había trabajado de forestal en la zona, y
nos comentó aspectos muy interesantes. también nos señalaba ejemplares de fauna, donde los
demás solo veíamos ramas, o matorrales.
A los tres km, el sol dijo aqui
estoy yo, dando de lo lindo. No iba muy abrigado, pero al ir de negro, y con un
ritmo mas alto por seguir al grupo.....empecé a padecer un poco por el calor. Mas que nada ,
porque notaba que me quemaba el sol. Enseñanza: alguien con la piel tan sensible
como yo debe
llevar a partir de mayo la crema a mano, y no en lo profundo del tambucho. Remes
en playa , o pantano siempre buscas ir por la orilla, para que sea todo mas
ameno. En estos lugares tienes el aliciente de divisar algún "bicho". No quise
" orillear" demasiado , porque mi gasolina iba justa...... pero bueno, hay que
pensar que llevaba a mi hijo y tuve que arrimarme. Buscábamos arenas movedizas,
ornitorrincos, cabras montesas, y algún árbol de la suerte. Todo con tal de
atraer su atención, y hacerle el recorrido mas interesante al que de verdad manda: mi niño.
Casi sin darnos cuenta, llegamos a lo poco que todavía queda del pueblo de
Santolea. Lo mejor era lo desierto que estaba todo....algún pescador y poco mas.
No recuerdo haber visto ninguna casa ni torre eléctrica. Lo peor, las canteras
que deslucían un trozo del embalse. Ascendimos un poco el río
Guadalope, como
muy bien dijo Txus "como el vietkong", entre copas de árboles anegados por el
agua. Esto era muestra de que el nivel del agua estaba muy alto, y así nos lo
decía el guía, que veía el tramo "irreconocible". No se si fue por la sombra o
el encanto del lugar, pero creo que fue el trozo que mas disfrutamos todos.
Menos mal que estaba mi hijo para devolvernos a la realidad: "tengo que mear
ahora!!!!".
Buscamos una playita e hicimos una parada a los pies del antiguo
Santolea. Creo
que todos los agradecimos, después de una hora larga. Yo básicamente por untarme
de crema que me dejó un bronceado tricolor. Emprendimos la marcha hacia la zona
de la presa, la más espectacular. En esa zona los cortados son impresionantes, y las
enormes rocas, las protagonistas. Nos asomamos a una distancia muy, muy
prudente a la presa...y fue allí escuchamos lo que parecía una traca..... En
realidad eran truenos, y unas nubes
cada vez mas oscuras, se fueron adueñando
del paisaje. Decidimos volver en ordenada retirada al punto de partida. A un
kilómetro de la llegada empezó a llover de lo lindo. Por suerte la nube iba en
sentido contrario, y no nos chopamos. Mi hijo decía que era gracias a los
árboles de la suerte que habíamos tocado. Tiene su punto remar lloviendo, pero si
el que se moja es el niño solo tienes ganas de llegar.
Lo mejor de la travesía estaba por llegar, y fue
la estupenda comida que
Manu y su familia nos obsequió. Y como no
podía ser de
otra forma volvimos a darle vueltas a la próxima travesía. Las fotos en las que
salimos mi hijo y yo son cortesía de
Manu.
|