Hoy he salido de trabajar y me he
ido directo a navegar. Tal como llegaba a la calle, donde se divisa el mar me di
cuenta de que hoy no era día para remar. Los borreguitos dominaban la mar. Por
si alguien no lo sabe se llama así a la espuma blanca que levantan las pequeñas
olas. He subido al apartamento para ver como se veía desde lo alto y la mar
parecía un poco mas navegable.
Me he plantado en la arena y he
estado a punto de no entrar. Hasta habían dos surfistas cogiendo olas, algo muy
raro en esa playa. Conclusion, las olas solo se aprecian muy de cerca. No tenia miedo de pasar la rompiente, pero no
veía nada claro
que después el mar me permitiese remar un rato. Y además iba solo. El ir
en compañía da mas confianza pero también sirve en ocasiones para cruzar una
línea , que no deberíamos.
He cruzado las olas que me han
salido al paso, pero me he dado cuenta que mas allá el mar estaba hirviendo a lo
bestia. El viento tenia fuerza, y agitaba todavía más la superficie. Y es que
las olas siempre se ven pequeñas en las fotos y desde la orilla. En vez de
retirarme he aprovechado que no habían socorristas, ni banderas ni bañistas para
estar surfeando. Desde los tiempos del
Ocean Duo que no me dedicaba una
sesión
entera a jugar con las olas
La cosa ha estado divertida, y
han salido unas cuantas surfeadas que me han hecho chillar como una loca. He vuelto a
recuperar las sensaciones que creía perdidas. Porque surfear olas son eso,
sensaciones. No hay que tener miedo a coger velocidad con el kayak, y cuando te
subes a la ola, debes timonear con la pala para no perder la perpendicularidad . Y todo debe hacerse con serenidad ,
e intentando no separar mucho la pala del cuerpo para evitar lesiones. Digamos
que mi moral se ha recuperado después de algún revolcón reciente.
Y está bien surfear, pero luego
debes girar el kayak en la orilla, y volverte para cruzar de nuevo las olas, y
eso cansa. Ya he comentado mas de una vez que mi
Naranjito tiene la proa muy
baja, y eso se nota cuando las acometes. Cuando pillas la ola
rompiendo, parte de ella recorre la cubierta y te golpea el cuerpo
literalmente. En ese caso , el único peligro es que ese impacto te haga
aterrizar mal y
volcar. Debes ser muy intuitivo para saber si esa ola que viene hacia ti en que
momento va a romper, y si vale esperarla o remar hacia ella. Y en un día como
ayer, entre ola y ola no hay pausa, y poco da para pensar. Es como cruzar un
pasillo de fuego. Hay que tirar hacia delante sin parar.
Con la pilas "moralina" cargadas
me he animado a acudir tres escolleras mas allá hasta el Torreón . Las olas,
bastante tontorronas para estar tan lejos de la orilla me venían casi de cara.
Las venia venir, y las negociaba mejor. A la vuelta, casi no las veía cuando me
entraban , y pese a que no te hacían surfear te desplazaban cosa mala. Pero
antes de todo esto he estado en la calita del Torreón donde no llegaban las
olas, haciendo apoyos. Incluso me he animado a probar el
ballance brace pero como no podía ser de otra forma, me he ido al agua.
Lejos de arrugarme, he estado subiendo al kayak con el agua en los muslos. Y de
ahí a sentarme en la cubierta y otras chorradas. Ha sido divertido.
Y ha llegado el momento de
dejarlo , con la promesa de repetirlo cuando la playa lo permita, y
vuelvan las olas.