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El día 17 de septiembre,
Key y yo habíamos quedado muy pronto. Ya habíamos
abortado esta travesía por varias circunstancias en Mayo. Era la primera vez que
ambos hacíamos una salida llevando los kayaks a cuestas. Todo esto hacia que
estuviésemos muy ilusionados, y un tanto nerviosos.
A eso de las ocho ya estábamos en puerto cargando nuestros kayaks. La
inexperiencia en el arte de llevar los kayaks en la baca, hizo que el kayak que
iba en los soportes fuese colocado con facilidad. El otro, el
Ysak de plástico,
costó más, puesto que si iba bocarriba, se deformaba con la presión de las
cinchas. Tampoco teníamos claro como atar las cinchas de forma simple pero
segura. No obstante solucionamos con garantías todos los inconvenientes, solo se
trata de hacer más natural este proceso. Solucionamos como pudimos lo mas
delicado: poner la placa
V30. Para esta ocasión le había añadido una espuma para
evitar los enormes rallajos que pueden provocar sus bordes. El sistema cumplió,
pero para el futuro debo buscar algo más fiable, de forma que no tenga que estar
todo el rato pendiente de la dichosa placa.
Tras las fotos de rigor, y el abandono de lastre innecesario, partimos de
Oropesa, rumbo a Peñiscola. Nos aguardaban unos 50 km, que hicimos por carretera
normal. A poco de salir ya me di cuenta, que pasaba lo de otras veces. Tienes
que estar muy concentrado en la conducción, de la placa que se mueve, y todos
los ruiditos que puedas escuchar. Vas todo el rato en estado de alerta con los
ruiditos, por si algo se suelta. De hecho a poco de salir paramos porque había
una cincha que no se había recogido bien, y con el aire golpeaba rítmicamente. A
simple vista se apreciaba como el
Sea wolf, va firme en su soporte, mientras que
el Ysak, tiende a balancearse. El cielo estaba muy nublado y plomizo, pero
confiábamos que no se repetirían las lluvias de días pasados.
Llegamos a
Peñiscola,
y las emociones ya se empezaron a disparar al ver la mar tan buena que teníamos,
y un sol que tenia ganas de salir. Tras discutir un poco, como un matrimonio
viejo, "embarquemos allí " "no allí....", "aparcaremos ahí...." , "no más
cerca....." decidimos embarcar en el norte de la península. Fuese como fuese
tenia que rodearla. Bajamos los kayaks, y preparamos el material. Con los dos
barcos en la orilla buscamos a alguien que nos hiciese la foto de rigor. Fue
gracioso porque a los primeros abuelos que pasaron, les pedimos que nos hiciese
la foto, e hicieron un gesto de pavor. Quizás pensaron que vestidos de aquella
forma los íbamos a atracar
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El mar estaba "plato, plato". Tras las fotos de rigor empezamos a rodear la
enorme roca sobre la que se asienta el pueblo. Con el mar tan tranquilo me podía
acercar hasta casi tocar las rocas. Estás muestran el efecto de siglos de
erosión, y formas figuras muy curiosas. También habían oquedades donde se podía
entrar, pero no me sentía tan valiente como para pasar.
Key, por precaución
navegaba mucho más separado de las rocas. De pequeño visité muchas veces este
lugar, y siempre me sentí como un pequeño guerrero medieval. Este pueblo guarda
entre sus calles las sensaciones de otras épocas. Ahora descubría el lugar desde
otra perspectiva, y la verdad es que era mucha la emoción. Antes, de niño, era
defensor de la plaza, y ahora parecía yo el asaltante encima de mi kayak. Ahora
se apreciaba diferente el
castillo.
Pasamos la roca, y fuimos paralelos al muelle del puerto, al sur de la
población. Parecía como si remásemos en aceite, y la luz del cielo nublado le
daba al mar un tono turquesa increíble. Era tan bonito que hasta frené el kayak
para fotografiar una pluma que navegaba. Me encanta ese paisaje en el cual miras
al horizonte y no sabes donde empieza el cielo, y termina el mar. Pronto me
empecé a sentir mal. Con las prisas me había puesto los pedales mal, y llevarlos
tan forzados me estaba dando muchos dolores. Nos acercamos a la costa con tal de
observar las muchas calas que habían. El tema era buscar el sitio mas al sur de
Peñiscola, donde iniciar en un futuro un recorrido por la Serra d´irta.
Localizamos una, ideal para aparcar, y bajar los kayaks, aunque no comprobamos
si era zona azul. Hasta esta zona es difícil ver las montañas, porque todo son
bloques de cemento.
Nos dedicamos a aprovechar la tranquilidad del mar, para ir muy pegado a las
rocas, y ver los fondos, muy poblados. Al final no tuve mas remedio que
desembarcar para ajustar los pedales, y a pesar del poco oleaje, comprobé como
la última ola te puede hacer aterrizar literalmente en la orilla. Íbamos muy
despacio, casi fotografiando cada cala , oquedad. Yo me arrimaba mucho, y al
soltar la pala para fotografiar, corría el peligro de quedarme a merced de un
golpe de mar. De hecho en una de tantas me pegué un susto puesto que me metí
encima de una roca, y cuando se retiró el agua, se hizo el vacío debajo de mi
proa. Tuve que tomar rápidamente la pala, para que la siguiente ola no me
lanzase contra las rocas.
El sol fue poco a poco saliendo, y a pesar de que no hacia calor, el sol
quemaba. Las construcciones fueron desapareciendo conforme llegábamos al paraje
de la
Serra d´irta. Es un trozo de litoral de unos 11 km, que se encuentra sin
edificar, donde predomina el monte bajo, y pino. En algunos lugares la montaña
acaba abruptamente, y en otras forma diminutas calas de cantos rodados, donde se
puede desembarcar con cuidado. En la mayoría de estas zonas la franja litoral
tiene una zona de poca profundidad, bastante bien conservada, y ves el fondo muy
bien desde el kayak.
Llegamos hasta la
torre del Badum, donde las paredes eran las mas altas de
nuestro recorrido. El corte de la montaña mostraba unos pliegues muy bellos. Esa
zona muestra las heridas de las olas, y hay una roca enorme con forma de cubo,
que parece que está a punto de caer. Menos mal que no decidió hacerlo ese dia
puesto que el susto hubiese sido gordo.
Pasando esta zona, llegamos a la platja del russo, donde una solitaria playa de
arena nos esperaba. Muy cerca todavía está un antiguo cuartel de la guardia
civil. Descansamos un poco, y comimos algo. Eran las 12:00 y teníamos que
volver. Al salir de la playa,
Key me dejó su pala
Werner, y estuve remando con
ella unos minutos. Va fantástica, aunque me costaría un poco adaptarme a la
forma de su pértiga. Volvimos charlando, aunque a un ritmo más alegre. De
vuelta, vimos como muchos bañistas aprovechan las calas y su discreción para
entregarse al nudismo. El mar se había puesto algo movido, y nos dedicamos a
volver para llegar dentro de horario.
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Llegamos a nuestro punto de partida, en mucho menos tiempo de lo que nos
había costado la ida. Eran casi las 14:00 y habíamos estado como unas cuatro
horas navegando, que me supieron a poco. Ahora solo queda volver pronto y
aceptar de recorrer por entero la
Serra d´irta.
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