Esta crónica o historia empezó hace tiempo.
Juan, persona con
iniciativa e inquietudes, nos propuso hacer un taller informal de palas
esquimal (menuda rima). Esta pala, también llamada groenlandesa, es como la que empleaban
originariamente el pueblo inuit. Para el profano , debo decir de forma
simple y bruta (yo soy asin) que es como una especie de enooooorme palo de
polo. Lo que se llama en el mundillo (de forma canalla) el palo lijao.
Como dice la canción "el
que lo prueba repite, yo no se por que será" . Y es que hay muchos kayakers que se pasan a
este tipo de pala, o intentan al menos emplearla de forma habitual. Yo intuía
que algo había ahí para que la gente se pasase a este lado del kayak. Pero mi
experiencia con este elemento había sido un tanto contradictoria. La primera
se remonta a la pala del amigo
Juan Mora en el año 2007 muy positiva. También recuerdo como muy buenas
palas groenlandesas, las de
Xavi Amargant. Sin embargo otras groenlandesas que cayeron en mis manos no
me dieron tan buenas sensaciones. Y no fue por culpa de las palas, mas bien
mía. El remar
con este elemento implica un importante cambio de chip en la técnica, y no
todos los días tenemos el mar adecuado, ni el estado espiritual idóneo.
Digamos que esta pala obliga a remar con los brazos próximos, casi rozando la
cubierta y acompañando el movimiento de la hoja dentro del agua. Si es comprometido ir hacia delante y
modificar el rumbo, no quiero ni hablar si pretendes
hacer un apoyo. Me falta mucho para controlar esa maniobra con la
esquimal, pero prometo intentarlo.
Pese a no ser muy amigo de las groenlandesas,
me involucré en el taller de palas. Y ahí empezó el desafío. No es nada fácil
encontrar el listón de cedro rojo de Canadá, la madera que se supone ideal.
Tienes que buscarte mucho la vida para localizar unas maderas aceptables,
limpias de nudos, y a un precio cabal. Al final nos decantamos por unos
listones de
pino sueco, con buena pinta, tras buscar en unos cuantos lugares. No era
lo mas idoneo, pero si lo mas barato , algo importante por si la cagas en el
primer asalto.
Y llegó el día de sacar las palas que
encerraban aquellos maderos. No me voy a enrollar mucho en el proceso de como
se hace. Un maestro,
Paco Garcia, aquí lo explica cien veces
mejor. Y como en el juego infantil, uno puso la madera (yo), otro las
herramientas (Juan), otro las dibujó
(Diego), otro nos dejo una ya hecha de modelo (Nando)....y nos
metimos en materia. Lo primero ha sido fijar las líneas maestras, para luego
cortar con la sierra de calar. Luego ha tocado empezar a rebajar con el
cepillo (el manual de toda la vida). Pese a que era la primera vez que tocaba
esa herramienta ha sido una gozada, sentir como iba desnudando al listón
dándole forma, y luego suavizaba con la lija. No se si ha sido el olor del
pino que coloca. No la tengo terminada, pero todos los días le he dedicado un
buen rato. Voy con mucha prudencia porque no me gustaría cargarme esta primera
pala, y me costará acabarla. Pero admito que me he enganchado y no creo que
esta sea la última.
Esta mañana Juan y yo hemos
salido, y eso que hacia mucho frío. Yo no tenia claro si prefería acabar mi
pala, por mi adicción al bricolaje kayakero. Pero había que aprovechar
porque el viento y el mar daban una tregua tras días tontorrones. Nos hemos
tomado la libertad de coger la
pala esquimal
de Nando , una preciosidad en cedro, que hemos tomado de referencia para
hacer las nuestras. Al rato de estar remando he desmontado mi
Werner, y la he puesto en cubierta, para ir con la esquimal.
Esa pala va
genial, y tras adaptarme un poco al nuevo estilo que ella exige, la cosa
ha ido sobre ruedas. De hecho
Juan ha
tenido que recordarme que era su turno. Un dato importante, he remado sin
problemas un buen puñado de kilometros, cuando otras veces todo habia sido un
mete-saca rápido, con la (pala) esquimal. En fin, si las nuestras van la mitad
de bien que su "mamá" me doy por satisfecho. Ahora ya tengo mas ganas , si
cabe, de terminar la mía, y probarla en el agua.
.