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A eso de las
7:30 el sol ya asomaba. Por consejo del señor que limpiaba la playa, desmontamos
la tienda. La acampada está prohibida pero digamos que con los kayakistas se
hace un poco la vista gorda, siempre que no plantes la tienda en la playa. Aun
así, no quisimos tentar la suerte de encontrar un policía demasiado celoso de su
deber. Insisto, la clave es que no pillen una tienda montada. La noche había ido
bien para ser la primera vez (dormimos), después de años sin ir de camping. Lo que menos
nos gustó fue lo mojada que estaba por la mañana la tienda por la humedad. Mas que nada
porque arena+algo mojado=guarrada total. Es conveniente cerrar con el cubre las
bañeras y los tambuchos , y meter dentro todo lo que no queramos que se moje. También
ayuda antes de hacer esto quitar con una esponja el agua que pueda haber.
Mientras se secaba algo la tienda y el resto de cosas al sol, nos desayunamos y
aseamos. Como ya había leído, parece que no , pero cuesta recoger y echarse a la
mar. Salíamos a eso de las 10, con un poco más de viento y que el día anterior.
Y la mar , un poco mas movida.
Rodeamos el
faro de Artrutx, y pusimos rumbo al norte, hacia
Ciutadella. Aquí hay un buen
trecho de kilómetros en los que no se puede desembarcar en kayak. El viento nos
venia del Este, y nos entraba por la derecha, para minimizar su efecto remábamos
muy cerca de la costa. En este tramo la costa es
rocosa , pero no de una altura
considerable. Apenas se veía vegetación desde el agua, con lo que daba a
entender que es una zona un poco mas castigada por el viento que la del día
anterior (sur). Las cuevas eran legión, y entramos en casi todas. En una parada para
admirar el fondo vimos a la
única medusa de toda la
travesía. Apenas media 5 cm.,
pero ascendió desde el fondo directamente hacia nosotros, para luego pasar
lamiendo el casco de nuestro kayak lentamente. O nos estaba chuleando la medusa,
o era un alienígena submarino.
Recorrimos
despacio toda esta zona rocosa, pero ya teníamos ganas de desembarcar. Nos
arrimamos a unos crios que buceaban entre unas rocas para preguntar por la playa
mas próxima. Resulta que la teníamos al girar la siguiente roca. Esto me hizo
lamentarme de nuevo de no llevar en cubierta un mapa, y de no haber traido de
casa tubo y gafas para bucear. En esta isla el bañador es prescindible, las
gafas de submarinismo no. Paramos en
cala Blanca a descansar y reponer fuerzas
delante de una de las muchas cervezas que me he metido estos días entre pecho y
espalda. Antes de desembarcar en una cala y veía edificios sentia emociones que
chocaban. Los bares estropeaban el paisaje, pero por contra verlos significaba
que una
Estrella
fría me estaba llamando.
Tras el
descanso embarcamos rumbo a
Ciutadella. Algo agradable estos
días ha sido que al
entrar y salir por calas tan protegidas, el embarque ha sido muy fácil, puesto
que esta maniobra siempre es delicada en un k2. Para encontrar la entrada a
Ciutadella nos hicimos un pequeño
lío, y tuvimos que preguntar a un barco
fondeado frente cala
Santandria.
Además el aire no ayudaba porque ahora al
aproar hacia el puerto de
Ciutadella, el viento nos venia completamente de
frente. Dentro se calmó la cosa y pudimos admirar la ciudad que mas bonita nos
resultó de toda la isla. Al final del puerto hay unas rampas donde desembarcar y
dejar el kayak. En todo caso conviene entrar por la derecha y salir por el lado
contrario, vigilando mucho si entran o salen barcos. Este puerto natural es
estrecho. Están haciendo uno nuevo fuera de la ensenada para los barcos grandes. Si
vas ......cuidadin.....
Comimos en un
restaurante del puerto (muy bien por cierto) y caminamos algo por el centro
histórico, por aquello de bajar la comida.
Luego, la idea era salir del puerto, e ir
un poco hacia el norte. El tema es que el viento no arreciaba y nos hacia
navegar lentamente. El trozo de costa tampoco es que fuese la leche, o diferente
al que nos habíamos encontrado durante el día. Además sabíamos que la siguiente
cala estaba a 10 Km. Decidimos, no sin cierta discusión volver a cala
Santandria
para pasar el rato hasta que
Carles y Teresa nos recogiesen. Creo que es la
primera vez que "diferimos" sobre hacia donde tiene que ir el kayak. Aunque la
cosa tampoco fue grave, Y no llegamos a pegarnos con la pala. Con un bañito
terminé simbolicamente el final de esta bella travesia de dos dias y mas de 40
km.
Y solo nos queda agradecer a quienes nos han ayudado
a cumplir este pequeño sueño
- A mi familia por haber
cuidado de nuestros niños.
- Al de "arriba" con barbas por regalarnos
buen tiempo para kayakear.
- A
Teresa y Carles de menorca
en kayak, por alquilarnos el material y ser tan cariñosos con nosotros.
- A
Carlos , por dejarnos la
tienda.
- A la gente de Menorca que
nos ha tratado genial.
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