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Después de los últimos remojones he tenido ganas de
ser el primero. Solo se formaba una pequeña ola, y me la he vuelto a comer. El
sea wolf no es muy amiga de las olas, y cuando su proa se enfrenta a una de
ellas, cede. El resultado es que la ola en vez de recorrer el casco, barre la
cubierta. En esta ocasión sacó el cabo de remolque se su lugar. Una vez
reunido el grupo hemos ido de forma muy tranquila hacia el norte. En una parada,
me he animado a sacar mi cabo de remolque, y por fin he resuelto aquello de
plegarlo de una forma que al sacarlo de desenrolle sin formar un lío. Algunas
conclusiones he sacado. El arnés del chaleco no es el mejor lugar para
anclártelo, y hay que practicar mas para sentir la sensaciones. Remolcar a
alguien es agotador....insoportable diría yo, si no colabora el remolcado algo.
En esta ocasión cuando me he girado tenia a dos compañeros enganchados, y así no
hay manera. Aprovechando el excelente día y
que teníamos horas de luz hemos llegado un poco mas lejos de lo normal , hasta
el eurosol. Allí hemos conocido a una camarera que emocionada quería subirse a
uno de nuestros barcos. Después de brindar con cervezas por la navidad, nos las
hemos bebido entre risas, al calentito sol de otoño.
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