Este domingo he acudido a la puesta de largo de
un nuevo club de kayak :el Gurugu kayak de Benicarló. El encuentro ha tenido
algo de reivindicativo. Estos chicos hace tiempo que funcionan y desde
bastante meses son formalmente un club. Sin embargo parece que los políticos
no están por la labor de facilitarles una ubicación física, donde guardar el
material , cerca del mar. Es por ello que la gente del kayak teníamos que
hacernos de notar , para sensibilizar a los de turno. Y que mejor manera que
acompañar a los amigos del Gurugú, en esta fiesta.
Por la parte que me toca, he pensado que era
una ocasión genial para llevar a mi hijo a visitar Peñiscola, desde el mar.
Dado que la travesia "oficial" salía de Benicarló para llegar a Peñiscola y
regresar, he optado por una mas corta para no cansar a mi hijo. Es por ello
que hemos salido desde el sur del castillo. El día era soleado (uno de los mas
calurosos del año), y con una pizca de viento. El tema ha estado que me he
tenido que separar bastante de los acantilados, y pasar ligero, porque el mar
no estaba para jugársela con un niño.
Tras pasar el pueblo, ya hemos divisado a los
compañeros en la playa. Me he alegrado mucho porque había muchos kayaks. Tras
saludar a la gente, y presentarme a alguno que no conocía, nos hemos ido al
mandarina club. La mayoría han ido con su pala en la mano, como si fuesen con
sus lanzas. Ha sido imposible pasar inadvertidos. Tras acabar con un almuerzo
propio de una bacanal romana, hemos vuelto a nuestros kayaks.
Algunos han ido hasta el bufador, bajo el
castillo, y otros a la marcheta hemos puesto rumbo a Benicarló. La cosa iba
muy bien con un mar en su punto de divertido. Sin embargo mi hijo se ha
empezado a quejar de dolor de barriga y de pis. Esto es muy típico cuando vas
con niños, y hay que asumirlo. Eso si, en el futuro creo que en vez de
maniobras de rescate, vamos a ensayar técnicas de evacuación. Tras el
desembarco no programado nos hemos incorporado los últimos del grupo. Luego ya
han venido las ganas imperiosas de hacer popó, y he tenido que vaciarme, para
llegar lo antes posible a nuestro destino.
La organización nos había preparado al
desembarcar un refrigerio. Ha sido una ocasión muy buena para echar unas
risas, y hacer vida social la gente del kayak. Luego en el restaurante a la
orilla del mar, un arroz (de los de verdad) con vino y cerveza ha sido el
catalizador , para cerrar una jornada especial. Al menos me he vuelto
casa con la sensación de que había puesto un granito de arena en un lugar
interesante.