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Este año, la puta gripe no me ha dejado
despedirme del 2011 navegando. Pero el sol y buena temperatura estaban ahí, con
lo que he salido a hacer unas compras. He cogido mi
Flying Pigeon, una bici que
me he regalado para estas navidades. Los que me conocen un poco, saben que ha
ido en aumento mi interés por la bici urbana. Si era divertido hacer viajes y
excursiones pedaleando, por que no pequeños trayectos a diario ???. Y es así, como he
reemplazado habitualmente mi coche por la bici, en los desplazamientos para ir a trabajar,
compras, y otros recados. En realidad he vuelto a hacer las cosas como las hacia
hace 15 años. A ver si ello me lleva a recuperar el mismo cuerpo.
Mi bici eléctrica, hace
muy bien ese papel de vehículo para distancias de 0-10 Km. Sin embargo tiene el
importante handicap de que vale bastante dinero, y duele dejarla aparcada en la
calle. Buscaba una bici económica, urbana y vistosa. Con un importante toque
retro o vintage. Está claro que en cualquier afición, cuando te metes hasta las
orejas, tiendes a buscar y emular los orígenes. Te apasionas y buceas buscando
sentir lo mismo que los pioneros. En lo del kayak nunca crucé esa línea, para construirme un
groenlandés. Me conformé con
hacerme mi pala y probar
el barco de un amigo.
En la bici no te
construyes la tuya, pero hay un emergente
movimiento que recupera y restaura
bicis antiguas. Pero no tengo el tiempo necesario, para rehabilitar una.
También
está la
posibilidad de comprar una bici
clásica, aunque son marcas de solera, que
fabrican un producto semi-artesanal y de calidad, lo que dispara el precio. Las
hay baratas, pero los acabados o piezas modernas (cambios, frenos V-brake...)
les quitaban el encanto. La imagen y un precio muy contenido, eran las
prioridades. Quería una bici para ser visto, pero que no me hiciese llorar si me
la robaban.
Buscando que te buscaré, encontré
la
Flying Pigeon. Una bici china toda de acero. Una bici que se fabrica igual
desde los años 50, y que durante décadas fue la bici que el Partido Comunista
repartía al pueblo. Una bici simple, dura, y hecha para durar. Pero sobre
todo barata. Claro está que tiene defectos y limitaciones en este mundo actual.
Para mi lo principal, el tema de frenos, que son de la época de nuestros abuelos
: de varillas. Frenan mas bien poco, y son la leche de ajustar. Luego está el
tema del peso, que es generoso, pero no letal. Por último las llantas no giran
tan redondas como las "modernas" de aluminio. Y como muchos habréis adivinado carece de
velocidades.
Pero esta bici, exige cambiar el chip porque
es como ponerse de novia a una abuelita de muy buen ver (estoy pensando en
Carmen Lomana). Con ella a su lado
siempre vas aparecer un señor. Olvídate de correr , pero con ella, igual
llegarás. Aceptaras sus achaques y debilidades, porque te hacen pensar que un
día, también serán los tuyos. Y de alguna forma sentirás todas las historias que
ella ha vivido en todos estos años, y que te cuenta cada vez que la tomas en tus
manos. Se trata de gozar lo bueno que te ofrece, y olvidar lo que nunca ya te dará.
Ya cuando me llegó la caja, sentí bastante emoción, al abrirla ,
porque era meter un trocito de historia en mi casa. El sabor de los productos
geniales,, que han llevado relativamente bien el paso de los años. Como un VW
escarabajo ,o un disco de los Beatles. Me sorprendió la calidad y acabados, muy
buenos si piensas en los 300 que vale puesta en casa. Iba casi montada, y pese a
que no llevaba manual de montaje , todo me pareció fácil hasta llegar a los
frenos. Solo había que montar el delantero, y tuve que recurrir a fotos de
Internet, para saber como montarlo exactamente. El ajuste de los frenos me ha
llevado unas semanas, con mucha prueba y error, pero al final hemos llegado a
una relación de mutuo reproche. Si no eres un pelan hábil (muy poco) no es tu
bici. Esta es una bici de sentimientos, que no pesa, ni frena, ni gira como
otras.....pero que es dura, simple, fiable y económica. Lo que tras unos días
usándola por mi ciudad, me quedo encantando con la guerra que todavía puede dar
por nuestras calles. Solo me duele la cabeza al pensar que una maquina así no
puede vivir sin nombre, y no se como bautizarla. |
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