Enseñando orgulloso mi
pala
esquimal , me percaté que al mojarla le habían salido unas grietas feas en un
extremo. Tras
consultarlo con expertos, podía repararla, o colgarla en el
comedor de mi casa. Al final decidí tirar por el camino del medio, y
reciclarla para hacerle una a mi hijo. El pobre había sido testigo de la
ilusión de su papi con aquel palo de pino……y solo preguntaba cuando tendría la
suya.
Así que metiendo la sierra por
aquí, el cepillo por allá y mucha lija…..mi pala groenlandesa, se ha vuelto
una chiqui pala. Pese a que este proceso no ha sido muy ortodoxo, creo que el
resultado es bastante bueno. He decidido hacerla un poco mas larga de lo
normal (170cm, sobre unos 160 cm, “ideales”) Por una parte esta aquello tan
típico de las familias numerosas “que le valga para el año que viene”, y por
otra, mi hijo remará en un k2 muy anchote, con lo que hay que facilitar que la
pala “coja agua”. También he mantenido el largo de la pértiga, que ya era muy
estrecho (unos 42 cm). Eso si, no me he cortado a la hora de redondearla, y
ajustar su forma y diámetro a un niño de ocho años. También he adelgazado
bastante las hojas, dejando mas o menos igual los bordes (cantos) conforme
estaban antes (7mm).
Y ha llegado el día de probarla
y poner nota a este “invento”. En el litoral de Benicassim hemos tenido unos
días geniales estas Pasquas. Sol, mar en calma y brisa suave. Tras una pequeña
lección en la orilla de cómo se remaba con esta pala, nos hemos echado al
agua. Si algo me gusta de mi
Riot, es que cruza aceptablemente las olas
al salir de la playa.
Las
sensaciones con la pala han sido muy buenas. A mi hijo le ha encantado, y ha
sabido llevarla desde el principio. No se como no se me había ocurrido
hacérsela antes.
En niños tan pequeños, hay que buscar una pala que ofrezca muy poca
resistencia para retrasar el momento en el cual se cansan. Y este tipo de
pala es ideal para ello. Lo mas gracioso, es que el que se ha visto que podía
remar más rato, me ha empezado a “reñir” para que siguiese su ritmo. Eso si,
debo advertir que no todo ha sido chupi y de color rosa. Con tanto ímpetu y
energía levantaba muchas gotas, que ya te puedes imaginar quien se las comía.
Para soportar aquellas gotas heladas he tenido que recurrir a aquello de
repetir 100 veces “nadie dijo que fuese fácil ser padre, nadie dijo……”.
Frente al
Voramar nos hemos
encontrado a los amiguetes del
CN de Oropesa. Hemos estado riendo y charlando
de nuestras cosas. Como no podía ser de otra forma mi niño, alardeaba de pala
nueva. Y pese a que lo han intentado, no han conseguido pegarle el cambiazo.
Hemos continuado nuestra ruta
habitual por los acantilados
de la torre de la Corda. Nos hemos podido recrear en ver sus fondos, porque hoy se
mostraban en todo su esplendor, y le he podido mostrar las manchas que quedan
de poseidonia en la zona. Estábamos en una zona de apenas medio metro de
profundidad, y se levantaban olas muy pequeñas que nos daban de forma
completamente lateral. Un par de olitas nos han dado un susto, y mojado algo.
Me ha gustado porque el
Riot se comporta con seguridad y nobleza ante el golpe
de las olas. Pero lo más importante es que enseña a mi hijo que al mar siempre
hay que respetarlo y tener precaución (sin ser un cagón). El tan pequeño, no
es consciente de lo que una ola te puede hacer, y pese a que se lo explico no
alcanza a imaginar lo mal que se puede pasar en un agua tan fresca. Digamos
que le hago un poco de pedagogía del mar. Y no hay mejor refuerzo que una
olilla te haga chafff , te pegue un meneo y te moje.
Hoy había algo gracioso, y que
nos ha llamado la atención. Arriba, junto a la vía verde
han plantado unas
cruces como si fuese un cementerio el lugar. El ayuntamiento prevé autorizar
un hotel a 50 metros de la torre de la Corda, y
algunas personas, con mucho
criterio, se están movilizando para evitarlo.
Camino de la Renegá, hemos ido
navegando junto nuestro universo particular de la roca de la suerte, y
compañía. Como había una, que cuelga del mar, y no tenia nombre, hemos
decidido bautizarla como la roca del cocodrilo. Pronto saldrá esa referencia en
todo mapa que se precie. Y pese a que parecía que el
tiempo no pasaba en una mañana tan estupenda, en realidad se me había parado
el reloj. Tras comprobar la hora real, hemos decidido volver.
Tiempo ha habido de llenar en
familia estos días fabulosos de Pasquas, con otras aventurillas. Incluso, dio
para una segunda salida con el Polarity, pero el viento y el mar algo movido
aconsejó no estirarla mucho. Al menos me quedo con que el
Riot
se comporta muy
bien. Si acaso pega muchos pantocazos si vas con un niño delante, con lo que
me planteo añadir algo de lastre esos días.