DESCENSO PRIMAVERAL RIO EBRO

kayak en el rio ebro

Después de una pascua sin poder remar, el sábado de la semana pasada, me fui a remar al mar. Fue una sesión divertida con mar de fondo, y olas en la orilla. En este mayo de comuniones y bodas, propias y ajenas, pensaba que iba a quedarme en seco. Pero no, se juntaron los planetas, y me dieron permiso en casa para ir al descenso primaveral del río Ebro. En noviembre se habia realizado el último, y tuvo tanto éxito que la gente no pudo esperar un año. Así que se montó para mayo. Estos saraos son informales y son cocinados (con mucho cariño) por Fran y Lluis, en el fogón del foro de kayakdemar. Es tan simple como llegar con tu kayak y navegar por este río tan increíble. También se organiza una comida opcional, y si no llevas equipo te lo pueden alquilar. Todo muy divertido y una ocasión para ver a los amigos de siempre y con suerte conocer de nuevos.

El despertador sonaba a las 6, para salir pronto en busca de mi Rotomod Ysak . A las siete ya estábamos con los kayaks cargados en la baca del Serena de Juan, camino a Benifallet. Bastante antes de las 9 llegábamos , mientras nos cruzábamos con la caravana que bajaba a dejar los coches a Tortosa. Todo el mundo debe saber que los ríos solo deben hacerse con la corriente a favor, lo que te obliga a tener una forma de volver al punto de partida. Por no haber dejado el coche a la llegada, esperamos para salir, y luego para volver. Tiempo perdido ??? no, porque haces vida social.



Ya subiendo por la carretera me llamó la atención la cantidad de algas que habia, y luego la gente del terreno me lo confirmó. La corriente también era algo mas fuerte de lo normal, y como pude me enganché al embarcadero de Benifallet para no irme río abajo y esperar a que el Ebro se fuese llenando con 80 kayaks. Casi vuelco al hacer un movimiento brusco para salir de donde estaba enganchado. A poco de salir de Benifallet, cruzamos unas cañas a la derecha que se abrían al rio Canaletes. El agua aquí , al no venir de un pantano, bajaba con mucha tierra. Algunos lo comparaban con el Amazonas, otros con un inmenso cola-cao. Fuimos , hasta que los kayaks ya no podían pasar entre las ramas. De vuelta al Ebro, pasamos por alguna isla del rio. Estas, estaban junto a la orilla, y convertían el Ebro, en un río de unos pocos metros de ancho, dándole un toque más intimo . Este tramo ya lo habia navegado con lo que aproveché para ir charlando con los amigos con un solecito estupendo.

Y cuando nos quisimos dar cuenta, teníamos a la vista la Assut de Xerta, donde se alimentan los canales que riegan les Terres del Ebre. Hicimos una parada para agruparnos, y enfilamos el canal, donde esta vez una paleta, ponía muy claro por donde ir. Cayendo como piezas de Tetris , esperamos en la puerta de la esclusa y entramos luego como los garbanzos que se lanzan al puchero. El agua empezó a bajar, de tal forma que en algo mas de tres minutos, habiamos descendido unos 6 metros. A juzgar de la cantidad de cámaras que asomaban entre los kayak, este fue uno de los momentos estelares de la jornada. Eso si alguno ponía carilla de “esto es rollo Port Aventura”, y por si acaso se cogian a otros kayaks. Se abrieron lentamente las gigantescas compuertas, y salimos alegremente.

Un poco mas adelante estaba el embarcadero de Xerta donde esperaba la fiduea de la Cinta, una chica muy mona, que recibió un aplauso por lo bien que comieron. Yo aplaudi, porque era guapa. Compartí mesa con los amigos pero no fideua porque no me mola. Llevaba una lata de ravioli que me calenté con el hornillo. Practico, pero quedas como rarito, porque el resto estaba con la fideua. La sobremesa se llevó con mucha mistela, coca de llanda y unos pastisets de crema de naranja increíbles. Hubo algunas deserciones en este momento, pero la mayoría volvimos a nuestros kayaks y un sol que cascaba de lo lindo. La sensación de calor era muy fuerte, agravada por la humedad. Era cuestión de ponerse en marcha en busca de una brisa que aligerase tanto bochorno. La brisa tardó en llegar, y el ritmo bajó mucho porque el calor era impropio de mayo e invitaba a no hacer esfuerzos.

Visitamos alguna isla antes de llegar a Tortosa, aunque en algunos lugares el agua estaba estancada, y no apetecía mucho quedarse. Tras un recodo se adivinó la silueta del castillo de Tortosa. Por el medio con un chorro de viento, que recibí como mano de santo, llegué con alegría a Tortosa. Es la población con mas empaque y tamaño que he visto a la orilla del Ebro, y por un momento parecía que llegábamos en escuadra para tomarla a sangre y fuego , y violar a sus doncellas. Me impresionó una escultura en medio del río muy a lo Batman. Luego me enteré que era a los caídos en la batalla de Ebro. Mi grupo fue casi de los últimos , y al desembarcar nos enteramos de la anécdota de la jornada. Un chico adolescente en pleno furor de ir el primero se pasó el embarcadero donde terminábamos. Menos mal que en algún momento se giró y vio que iba solo, porque hubiese llegado hasta el mar unas decenas de kilómetros más allá. Por suerte una lancha que fue en su búsqueda devolvió al palista y el kayak, aunque los familiares que esperaban , pasaron un mal rato de incertidumbre.

La gente fue recogiendo y despidiéndose mientras yo buscaba una sombra donde refugiarme del agresivo sol. A Juan lo llevaron a por nuestro coche a Benifallet. Yo mientras estuve hablando con otro Juan, un chaval de mas de 60 años que me contó muchas cosas interesantes. Me quedo con su kayak artesanal de madera y sus explicaciones de como habia hecho cada pieza con mimo. Una delicia de rato. Aunque allí, atento a sus palabras no me di cuenta como los mosquitos se daban un festín con mis piernas. Ya tuve tiempo de lamentarme de los dolores al llegar a casa.

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