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CUATRO DE FEBRERO
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Me levanté temprano para acudir al club, viendo que durante la noche había caído una buena. Continuaría lloviendo??? . Había quedado con Pepe muy pronto. Nada mas llegar a la avenida que da acceso al club pude ver el magnifico aspecto que presentaba el mar. Solo un cielo plomizo y un intenso frío podían fastidiar el día. Como de costumbre me encontré con Víctor que ayudaba en las pequeñas reformas del club. Estuve esperando a mi compañero pero este no llegaba, y no queria llamarlo por teléfono para no molestarlo. Para entrar en calor fuimos al bar a tomar un café, y poco a poco fueron llegando los compañeros. Estuvimos hablando de nuestras cosas marineras. Yo me quejaba de la distancia que me sacaban, y que siempre me quedo el último. Entre bromas me animaron porque pronto podré seguir el ritmo del grupo. Unas cuantas risas después llegó Pepe, anunciándonos que ese día no salía por miedo al tiempo. Al menos nos sacó unas extraordinarias fotos del grupo antes de salir. Bien abrigados para combatir un día fresco salimos del club. Se había levantado un poco de viento y el primer tramo estuvo algo movido. Yo tenia cierta inquietud porque me daba la impresión de que el mar empeoraría para la vuelta. Víctor llevaba su pala de madera artesana, un modelo esquimal muy bello e increíblemente ligera.  De camino al hotel los compañeros la fueron probando  y quedaron encantados. Yo no la probé puesto que todavía estoy adaptándome a mi aquabound.

Poco antes de llegar al Voramar nos encontramos con una calma tremenda que daba un aspecto increíble a la costa de Benicassim.  Un placer para los sentidos remar en estas circunstancias. Mis compañeros fueron desembarcando tranquilamente en la playa del Voramar, mientras yo me dedicaba a fotografiar. Debía aprovechar la falta de olas que permitía obtener imágenes desde muy cerca de la orilla.

Nos sentamos en la terraza, para reponer fuerzas. Víctor encontró a unos conocidos y aquel rato no se terminaba nunca. No por aburrimiento, pero hacia frío y estaba mojado, y estaba vestido tal como estaba remando. Necesitaba movimiento porque el frío me estaba matando y se adivinaba el catarro. Víctor nos dio una clase magistral de nudos, y normas de rescate y remolque.

Por fin salimos y esta vez si que pude aguantar de forma mas o menos honrosa el ritmo del grupo. De todas formas ellos llevaban una marcha menos, mientras que yo iba todo lo que podía. Muy por detrás quedaron Víctor e Ignacio. Aunque no los veía, estaba tranquilo puesto que son los palistas mas experimentados. Luego me enteré que estuvieron ensayando el remolque . Hacia un mal movimiento al remar y forzaba la posición de la muñeca izquierda, que me dio molestias durante toda la vuelta. Justo en el peor tramo antes de entrar al puerto, vuelta las  fuerzas me fueron fallando un poco .  Sin embargo las olas que venían de frente , me hicieron pasar un buen rato

 
 

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