Este sábado, por una carambola del destino pude quedar a
remar con
Carlos
Izquierdo, y
Key, en el límite
entre
Castellón y
Benicassim. Les tengo a
ambos mucha estima por lo que son encima de un kayak, y fuera de el. Es gente
que hacen que me pregunte por que no empecé a remar antes.
Hablo de carambola, porque creo que esa es la descripción más adecuada cuando
quedamos nosotros: maduritos con muchas ganas, pero con sendas parejitas de
niños pequeños.
Carlos iba a ejercer como perfecto anfitrión dejándonos dos sus dos kayaks,
un
Valley
Nordkapp y un
P&H Quest.
El lugar del encuentro es muy, muy especial. A mi al menos me lo pareció al
ver como convivían la modernidad más rabiosa de la mano de gente del windsurf,
kite surf...... y los abueletes tomando el sol. El lugar está pegado al
aeródromo de
Castellón. El estruendo de algunos aviones al pasar era tremendo Por una vez
pude entender un poco mejor lo que me contaban algunos de mis mayores. Como se
refugiaban en la guerra civil cuando venían a bombardear los aviones.
El día prometía, puesto que el solecito y el mar en calma auguraban buenas
sensaciones. Sin embargo había cierto mar de fondo, y ya muy de mañana, rompían
con alegría las olas en la orilla. Después del típico ritual antes de salir,
porteamos los kayaks hasta la orilla. Yo empecé con el
Quest. Me tomé con calma la salida en el sentido de salir en el momento
justo, y evitar que la primera ola me quitase el sentido perpenticular a las
olas.
Carlos,
delante de mi, atravesó literal y espectacularmente una ola pequeña. Después de
varios envites llegué a la zona mas tranquila que estaba casi plato. La muestra
de la fuerza de una de las olas que me rompió encima, fue la perdida de mi bidón
de agua. La proa elevada del Quest se portó en la salida, pero una vez
navegando, no me gustó para nada la estabilidad primaria, se movía mucho, y me
daba la impresión que una palada mal apoyada o mas fuerte de lo normal podía dar
con mis huesos en el agua. Tampoco me resultaba muy cómoda ni la postura, ni su
riñonera adaptada
Goltziana.
Al terminar la jornada estuve mirando su casco, y se me antojó muy feo, pero
esto es algo demasiado subjetivo y pienso que algo estupido en un kayak.
Marchamos hacia al norte, por una zona muy conocida por mi. A ritmo de paseo
llegamos a nuestro destino. Gracias a un rompeolas salimos a la playa con cierta
facilidad y diversión.
Envidié a la gente que caminaba y corría por el paseo, por la suerte que
tienen de vivir en esa zona, al menos esos días de solecito.