CABO DE GATA

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Después de unos cuantos intentos fallidos por fin he vuelto a viajar en kayak de mar. El escenario ha sido uno de los mejores de España: el Cabo de Gata. Por si alguien no lo conoce es una zona árida y volcánica en Almería, al sur de la Península. Es parque natural desde hace 30 años aunque nunca ha debido ser un lugar fácil para vivir. Piratas tontorrones, poquísima agua , paisaje lleno de montañas y mas de 300 dias al año de viento, han ayudado a preservar la zona de la acción del hombre. Nosotros hemos viajado por todos estos 70 km de paraíso, navegando literalmente a un tiro de piedra, pasa que te lo cuento.



En este viaje me he acoplado a un grupo de amigos que ya habían organizado el plan. Lo suyo hubiese sido hacerlo en autonomía, durmiendo en calas, sin ducha ni smartphone, por aquello de un viaje más místico. Pero mis compañeros venían en avión con lo que no podían llevar trastos de camping. Por eso, el plan era que nos llevaban para navegar, nos recogían al final de la etapa y nos devolvían a nuestra base en el camping los escullos. Esta forma de viajar en kayak no es ni buena ni mala: es diferente. No cantas canciones a la luz de las estrellas, pero disfrutas de la gente y comida local. Además recibes info de expertos de la zona. De esa forma te descargas un poco a la hora recopilar información que es básica en este tipo de rutas: meteorología, puntos de desembarque, lugares jodidos, sitios bonitos, cosas que ver, bares que visitar….Estos expertos han sido los de empresa cabo de gata en kayak, que nos han tratado genial. Nos llevaban, nos traían, nos alquilaron el material, y nos invitaban a una cerveza fría, para comentar cada jornada de paleo. Se les notaba los muchos años de experiencia en el turismo activo.

Una buena pregunta, de fácil respuesta es cuando viajar en kayak por el Cabo de Gata ? La respuesta es cualquier época del año, si bien por masificación y temperaturas extremas conviene huir de julio y agosto. Nosotros elegimos mediados de Abril. En todo caso si te planteas hacer en kayak el Cabo de Gata, vigila muy bien el viento, que predomina de levante, y tiene subidas de fuerza traicioneras, especialmente a mediodía. En nuestro caso dado que mandaba el viento de sur-suroeste, salimos desde la Fabriquilla (muy cerca del faro de Gata) para ir a terminar en Mojacar y de esa forma remar con viento a favor.

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Mientras mis compis volaban, yo iba solo 500 km con mi coche cargado con el Rotomod Ysak y con un madrugón de los que no olvidas. Por suerte llegamos casi a la vez al punto de embarque. Por el camino, en el lado del cabo que no es reserva integral (el lado Oeste) ya me di cuenta que Cabo de Gata era un lugar especial. Aguas turquesas, playas infinitas y edificios de décadas atrás.

Pronto estábamos en marcha el grupo de cinco amiguetes, y nos encontramos con el faro de Gata uno de los lugares más chulos. Tras un paso entre las rocas, un grupo de islotes pequeños que llaman la Cala de las Sirenas nos maravilló. Aquí ya me di cuenta de que esta costa es el paraiso de cualquier amante de la geologia. Las erupciones volcánicas crearon una costa con formas caprichosas y de aspecto lunar, donde la presencia del hombre es un recuerdo. Remar en Marte no se si se puede, pero remar en el Cabo de Gata es lo más parecido.

El mar estaba un pelin movido pero daba pie a pasar entre las muchas rocas, uno de los atractivos en kayak de esta costa. Esto me convenció de que el próximo accesorio que compre va a ser un casco. Lo bueno de ir con amiguetes es que ya sabes de que va el rollo, e íbamos muy pegados a la costa, es lo que nos pone. Los kilómetros se estiran pero se saborea a tope el lugar. También navegábamos muy juntos parando cuando alguien se descolgaba. Daba gustico sentir como sin hablar todos sabíamos como comportarnos en el agua.

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Con un paisaje tan lunar, sin apenas rastro de personas, edificios o vegetación me sentía como visitando un planeta tierra donde el hombre nunca había existido. O donde ya se había extinguido. Sensación e imaginación se me mezclaban muy dentro. Todo se me salió al llegar al pueblo de San Jose y tomar una cerveza en un chiringo, con los cantores de Hispalis a todo meter. Antes de que se nos amotinase el cuerpo hicimos una hora más de paleo hasta llegar a los Escullos, donde nos recogieron, y llevaron al camping. Yo tenia el cuerpo dolorido, pero aun reservé fuerzas para descubrir otros de los atractivos del Cabo de Gata: las tapitas, cervecitas y frituras. Aguanté todo lo que pude, pero una fritura de fuerza 6 arrasó con todo el grupo.

A la mañana siguiente el día salió nublado. Aprovechando la calma fuimos costeando hasta cruzar la Isleta del Moro. Antes descubrimos el castillo de San Felipe y es que el Cabo de Gata está lleno de sistemas defensivos que muestran que hace siglos era el Port Aventura de los piratas. Mas adelante vino la zona que nos dejó ojiplaticos: la zona del Islote de Piedra Negra. Remar entre aquellas paredes negras con el vaivén del mar era como navegar junto a una fiera dormida. Cerca de Punta Polacra entramos en una cueva pequeña, y dentro, de una enorme grieta un bufador emitía un acojonante rugido. Paramos a comer en el Playazo, y entre mordisco y mordisco el viento se fue levantando. Eso y las olas, complicaron el navegar y consiguieron que hiciésemos los dos rectos de la travesía para salvar las Negras y Cala San Pedro. Pasada punta Javana estábamos mas resguardados, y fuimos costeando hasta Cala del Plomo donde paramos. Más adelante llegamos a Agua Amarga donde nos vinieron a buscar. La vuelta en furgona se me hizo larga, y me dejó claro que por carretera solo puedes apreciar pinceladas de esa espectacular costa que nosotros habíamos vivido a tope, y solo nos faltó chupar.

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Me sentía moderadamente cansado después de un día que se había complicado por condiciones del mar. Aun así quedaron fuerzas para las cervecitas, tapitas y reir hasta que la mandíbula crujía. Y es que como dice Raffaela “para hacer bien el kayak hay que venir al sur“·

La tercera jornada empezó más pronto, puesto que teníamos una hora de coche hasta Agua Amarga, final del día anterior. El Cabo de Gata nos ofrecía una nueva cara porque con el solecito y la calma total la visibilidad de los fondos era brutal. A mi cabeza volvían sensaciones de Formentera, Menorca o Croacia. En modo relaxing-ON fuimos costeando y haciendo fotos alucinantes a cascoporro. Entramos en varias cuevas y hasta rescaté un huevo de gaviota (roto). Llegar a la playa de los muertos fue un broche genial para este tramo. Imposible no parar en ella. El contraste vino al final de la playa donde un puerto, una cementera, una central térmica y el pueblo de Carboneras (todo junto) convierte en un milagro las aguas turquesas. Conforme pasábamos este trozo de trámite se fue levantando viento hasta llegar a vendaval. Paramos en la playa del polémico hotel del Algarrobico a comer. Aquí se puede decir que el parque del Cabo de Gata se acaba y eso se nota en la costa. Aun continuamos luego un rato más hasta Torre Macenas, donde lo dejamos. Un poco más adelante teníamos a la vista Mojacar. Parece que la gente prefería reservar las fuerzas de la pala, para la cervecita y risas. Y así, como en un anuncio de cerveza de los que están de moda en TV, es como acabó nuestro viaje por el cabo de Gata: levantando zumo de cebada y contando chistes más batallitas de kayak.

mapa del cabo de gata

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