BAHIA DEL FANGAR

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Siempre es una gozada tachar nombres en esa lista mental de “sitios por donde falta navegar”. Y uno de los pocos lugares que me queda en la costa de Tarragona era la bahía del Fangar en el Delta del Ebro. Situada al norte del Delta es un lugar de aguas poco profundas y resguardado, aunque si la navegas en kayak siempre hay que vigilar el viento que puede pegar duro. La punta del Fangar es como un enorme bigote que separa la bahía, del Mediterráneo. Este cacho de tierra no es muy accesible, por las dunas de arena con lo que es chungo visitarlo a pie o en bici. Además el viento y el agua, moldean esa masa de arena formando un paisaje desértico y camaleónico. Es un panorama diferente al que ya conocía del Delta: arrozales y lagunas. Para mi era como el lado oculto del Delta del Ebro, y algo debe tener el lugar cuando fue elegido por U2 para rodar uno de sus vídeos más potentes “vertigo“.

mapa de la punta fangar y la bahia

Desde el principio la idea era hacer esta ruta en kayak doble con mi hijo, que también está enganchado a las rutas por el Ebro y su Delta. Al final por carambolas también se apuntaron Txus y Rafa. Conociendo la zona, sabíamos que el cámping era un buen punto de partida, con lo que antes de las 10 ya estábamos en el agua. El día era de calma total, pero soleado y caluroso (principios de septiembre). Íbamos pegados a la cara interna del delta, con ese paisaje tan característico: vegetación de matorral, y ningún árbol ni edificio a la vista. El agua era turbia, pero pronto vimos el fondo porque en muchas zonas no hay ni medio metro de agua. Este paisaje marino cubierto de algas es un vergel de especies como la dorada. Era entretenido ver saltar cientos de peces, sorprendidos por el kayak.

Pronto llegamos a los cercados de pesca restringida, y un poco más adelante las bateas donde se “cultivan” mejillones y ostras. Con el kayak era divertido pasar entre ellas y por debajo, si bien un señor nos pegó como un alarido. No sabíamos si fue un saludo o un aviso para dejar de hacer el chorra. Aun así no pudimos evitar levantar algún que otro saco de los que cuelgan en las bateas. Hay que ver que pinta tan asquerosa tienen estos manjares del mar cuando crecen bajo el agua.

No seguimos mucho más adelante, no había mucho que ver y corriamos con el riesgo de topar con un palmo de agua. En esa situación hay que salir del kayak y remolcarlo a pie, muy del rollo la reina de Africa. El sol apretaba a tope y creaba tremendos espejismos, que daban la impresión de que por momentos no existía la punta del Fangar, y se podía cruzar para llegar al Mediterráneo. Como mi hijo no callaba “por ahí se puede salir al mar” nos arrimamos un poco y la ilusión óptica desaparecía pronto. Esto del kayak con niños ofrece lecciones físicas, de geografia e historia sobre el terreno. Desembarcamos un poco más adelante para subir a una de las dunas más altas y ver el paisaje de la punta del Fangar. La visión sobrecogía un poco, porque detrás de la duna que veíamos en el agua, aquello parecía un solar.   El día anterior había llovido y parecía que hubiesen pasado un rulo colosal.

Continuamos la travesía buscando el pico de la punta del Fangar. Los alucinantes espejismos volvieron a hacer de las suyas para saber donde debiamos girar. Por esta zona vimos flamencos. Antes charranes, cormoranes y gaviotas. Y en esas, que nos metimos en una zona con un palmo de agua, donde los kayaks tocaban con el fondo. Por fin salimos al Mediterraneo y pronto me di cuenta porque el agua tenia olor y color de mar. Nosotros ya nos hubiésemos vuelto, pero Txus y Rafa tenían ganas de marcha, así que bordeando el Fangar, llegamos hasta el famoso faro. Allí montamos en un plis plas un estupendo picnic kayakero a la sombra fálica del faro (la unica en varios km a la redonda). La zona se encuentra acotada por estacas y una linea que indica que no se puede pasar para no molestar a los pajaricos y bichicos. Por eso llegar aquí solo se puede navegando o rodando por la orilla de la playa.

La vuelta a por los coches fue muy agradable con la brisa a favor. Yo iba tomando notas mentales para conocer esta zona algún día por tierra en bicicleta.

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