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Hay un chiste que refleja bastante mi situación

Estaba Eduard Punset haciendo una encuesta sobre la frecuencia sexual de los hombres. Reunieron a  1.000 personas.

El Eduard entonces preguntó: ¿Cuántos de vosotros tienen relaciones sexuales de dos a tres veces por semana?

Y unos 300 jóvenes levantaron la mano.

Luego preguntó: ¿Cuántos de vosotros tienen relaciones sexuales una o dos veces por mes?

Y unos 600 no tan jóvenes levantaron la mano.

Luego preguntó: ¿Cuántos de vosotros tienen relaciones sexuales seis veces por año?

Y unos 49 ya más cerca de la jubilación levantaron la mano.

Luego aclaró: esta pregunta la hago por que está en el formulario:¿Cuántos de vosotros tienen relaciones una vez por año?

Y desde el fondo de la sala gritó uno: ¡Yo, yo! 

Eduard Punsett  sorprendido por tanta euforia entonces le preguntó: ¿Dígame amigo, por qué está tan contento, si es sólo una vez por año?

A lo que el tipo respondió: ¡¡¡PORQUE HOY ME TOCA!!! 

Por suerte no navego una vez al año, pero al hacerlo cuando me dejan (cada puñado de semanas) pues encuentro la motivación cuando vuelvo al mar. Por que ?? porque entre sesión y sesión pasa el suficiente tiempo para que lo vuelva a desear. La llama del kayak sigue encendida hace ya unos cuantos años, y la ilusión por volver a remar hace que quiera superar las circunstancias adversas. Como el frío que estos días arrasaba Castellón. Las temperaturas estaban sobre los 10 grados  de máxima. Nada excepcional, pero la verdad es que el viento multiplicaba las sensaciones, y las ganas de quedarse cerca de la estufa. De hecho salí un rato por mi ciudad antes de ir a Benicassim, y no menos de 6 personas me dijeron "estas loco de irte a remar con este frío". Y pese a esas frases agoreras, allá que me fui.  Y es que la clave en la vida no es lamentarse con lo que no se puede realizar , sino como en el chiste, aprender a disfrutar y apurar los momentazos que nos da (en este caso) el kayak. Y navegar en otoño dispara las sensaciones.

Añadir que hoy también tenia la oportunidad de remar con una persona especial. No, no era Maribel Verdu (ójala). Especial....de otra clase. Me refiero a Anton, un gallego que hemos adoptado en Castellón un tiempo, y que en unos meses va a intentar circunnavegar la península ibérica. Su reto se llama 3000 km más cerca, y creo que merece la pena conocer. Quería poder charlar un rato con la persona que mete en una aventura de este tipo. También era una ocasión para que el probase mis kayaks, puesto que parece que con su Prijon Millenium no se lleva todo lo bien que seria deseable. No es que me plantee hacerle un kayak-renting, pero por experiencia se que probando otros barcos uno aprende a odiar o valorar el suyo. Como podéis ver el tío se ha llevado el papel de protagonista en casi todas las fotos. 

Llegados al momento de embarcar, parecía que el viento del norte daba mucho menos duro de lo apuntaba la previsión. Eso si , no se había equivocado en el ligero mar de fondo. Decir que Windguru, en su forma gratuita, ofrece la previsión bajo dos modelos: el GFS y el WRF (este último con variantes). Y esta vez, en lo que respecta al viento daba diferentes previsiones respecto la fuerza. La explicación está en  las variables diferentes que emplea. El WRF considera factores locales, que el GFS no hace. Sin embargo  a toro pasado, hoy el GFS acertó. Y es que aunque las previsiones meteorológicas sean cada vez mas fiables y detalladas, todavía continua habiendo margen de error. Añadir, que siempre hay que mirar la previsión marítima antes de salir. Y como muchas cosas, se trata de saber interpretarlas un poco, y coger confianza con la info que dan. Y como se consigue ésto ?? Pues contrastando lo que ves en la previsión, con las condiciones que luego te encuentras. Si acierta, te fías, si no... maldices, así de fácil. También recomiendo conocer los umbrales de condiciones en los que uno se siente seguro. Por ejemplo yo prefiero no salir si hay mas de 15 nudos de viento, y mas de un metro de ola. Si me preguntas cuales son mis webs de referencia, te diré que Windguru, y el Tiempo.es, en su apartado de Costas.

Sin apenas "discutir" nos fuimos hacia Oropesa, con un viento que aparecía en contra por momentos , pero que nos dejaba remar uno al lado del otro, en el modo "charla". Lo único que rompía esta armonía era que yo iba con mi pala esquimal y Antón con su Epic de cuchara. Podía seguirle el ritmo, pero porque el quería, dado que este chico está francamente fuerte. A la ida, empezó con mi Ysak que le cayó genial (solo hay que ver las fotos) dado que tiene el tío un tipito impresionante, podía entrar y sentarle cómodo. Recordar que es un kayak de cubierta baja, y que está muy calzado para mi cuerpo con lo que no se hace amigo de cualquiera. Yo le intenté convencer de que es un modelo genial para su reto, puesto que se comporta muy bien en toda situación, y el que sea de plástico también es un punto a favor en un viaje.

Lo vi muy suelto en el agua (no esperaba menos) aunque intentamos charlar de lo duro que puede resultar mentalmente este reto que supone navegar 90 días o más solo. Más que la técnica, fuerza o la experiencia navegando, es importante tener un espíritu fuerte que te permita afrontar el que puede ser el viaje de tu vida. Y creo que Antón tiene un importante fondo de armario vital, que le hace candidato a intentarlo y conseguirlo. No hay que olvidar que es un reto que poca gente ha conseguido: dar la vuelta en kayak a la península ibérica. 

Hicimos una parada en Oropesa, y mientras charlábamos con los compañeros que endulzaban su equipo, tomamos un bocado. Y es que era mediodía, hora de comer. Comentamos con una chica que apenas lleva tiempo remando, que se trata de comer algo por aquello de no desfallecer, pero sin pasarse porque se nos puede revolver el estómago. Yo aparte del bocado me tomé una pequeña cerveza que llevaba en el tambucho, y es que mi mente empieza a vincular demasiado kayak con cerveza. Debe ser algo parecido a lo del perro de Paulov.

Para la vuelta, Antón se pasó al Naranjito por aquello de seguir probando nuevas monturas. No se si esta segunda alternativa le gustó más porque se habían soltado los pequeños calzos que llevo en el asiento, y lo normal es que le bailase un poco el kayak. Para postres un pedal se le fue hacia el fondo, dejándole una postura no-cómoda. Pero aun así, pasamos la zona que va del puerto de Oropesa hasta la Renega, que estaba movidilla. Nada del otro mundo pero el rollete de ir un barco al lado del otro, ji-ji, ja-ja no podía ser. Una vez pasada la Renega el mar quedó casi plácido y para apurar las últimas paladas.

El desembarque fue más fácil de lo que esperábamos porque había bajado la fuerza de las olas. Aun así Antón aprendió (o recordó) que no es aconsejable dejar un kayak entre la ola y tu pierna, porque el golpe es seguro, el moraton variable.  Esta vez fue solo un aviso. Llevamos los kayaks hasta su almacén para lavarlos rápidamente, porque el frío cala en el momento que estas endulzando todo. Como otras veces el calor del agua caliente con la ducha, hizo devolver el riego sanguíneo a varias partes de mi cuerpo (si, a esa, también :). Y volví a recordar lo que se siente volviendo a casa en coche, una tarde de invierno después de remar. Hacia un rato estaba sin parar de remar para no enfriarme. Y ahora calentito, como aquel que está en un solarium. Con ese sol tan tipico del otoño, que tanto te deslumbra cuando se oculta al atardecer. Algo cansado del esfuerzo y charlando con Antón (o escuchando buena música si voy solo). Que pena, que en esa ecuación no pueda añadir unas papas y una cerveza. 

 

 
 

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