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SANY4025.JPG VEINTINUEVE DE ABRIL

 

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 Hoy había quedado con Víctor, "el niño". Es el cariñoso apodo que le hemos puesto a este estupendo chaval de quince años. Es un deportista excepcional, y una persona muy agradable, con una madurez extraordinaria en alguien tan joven. Hacia mucho tiempo que no había coincidido con el y tenia muchas ganas de volverlo a ver.

El día y la noche anterior los intensos chaparrones habían hecho de las suyas, y a pesar que no llovía grandes nubarrones se intercalaban con importantes claros. Tras el habitual ritual de echarse al agua, instale con calma el soporte para sujetar sobre la cubierta la cámara, y poder grabar video mientras remo. Salimos de puerto y el mar estaba relativamente bien. Tomamos rumbo norte y enseguida vimos una franja de agua marrón, que se separaba de forma muy nítida del resto del mar esmeralda. Era producto de las grandes lluvias, y daba al mar el aspecto de un gran río crecido. Esa franja de mar marrón no la dejamos en todo el recorrido.

Antes de salir había puesto unos calzos en mi cintura, haciendo mejor el contacto entre mi cadera y el kayak. Ahora podía controlar con la cadera los movimientos del mar. Ahora solo me falta poner unos pequeños a la altura de las rodillas, para no llevar estas tan abiertas. De todas formas me sentí reafirmado en la compra hecha, puesto que el kayak se comporta muy bien con mala mar. Lo único que no me gusta es que es muy bajo para mi gusto y las olas cubren con mucha facilidad la cubierta del kayak. Me costaba seguir el ritmo de Víctor, pero es que estamos hablando del palista que más corre en todo el club.

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Pasamos la torre del rey, y Víctor se animó a pasar entre unas rocas. Como era de esperar tras pasar esta zona, la mar estaba mucho mejor. Llegamos hasta pasar Marina D´or, y Víctor indico un lugar balizado donde las olas eran menores. Salimos con mucha facilidad. Tras un breve descanso regresamos a puerto. El mar había empeorado por momentos y las olas rompían bastante antes de llegar a la playa. Le pedí a Víctor probar mi nuevo cabo de remolque. Estuvimos probando un poco y lo dejamos estar. Tengo que encontrar la manera de enrollar la cuerda de tal forma que cuando se tenga que utilizar no se líe. También comprobé que el esfuerzo para remolcar a alguien es increíble. Las olas eran importantes, y era mejor dejar el ensayo para otro día. La mar parecía que hervía, y me recordaba una travesía del año anterior, en la cual las inclemencias eran parecidas.

Sentía como las olas me entraban por babor y el viento me venia del otro lado. De vez en cuando tenia que meter la orza para frenar la fuerza del viento, y si lo hacia, parecía que las olas me llevaban con ellas. Tenia que mirar de reojo las olas porque alguna podía romperme encima sin avisar.

Llegamos juntos a la torre del rey y busque separarme para evitar el mayor oleaje. Víctor remaba muy cerca de las rocas, y había veces que parecía que su kayak saltase encima del mar. Verlo entre agua marrón parecía como si estuviese haciendo aguas bravas.

Llegamos a puerto y allí Víctor me mostró su depurada técnica de eskimotaje dándome unos valiosos consejos, y la promesa de ayudarme este verano a lograr esta maniobra. Esta vez el chaparrón nos pilló en la ducha, y no nos mojó.

Al llegar a casa pude comprobar que muchas fotos habian salido mal, pero el resultado del video era muy satisfactorio.

 
 

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