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Hoy había quedado con Víctor, "el niño". Es el cariñoso
apodo que le hemos puesto a este estupendo chaval de quince años. Es un
deportista excepcional, y una persona muy agradable, con una madurez
extraordinaria en alguien tan joven. Hacia mucho tiempo que no había coincidido
con el y tenia muchas ganas de volverlo a ver.
El día y la noche anterior los intensos
chaparrones habían hecho de las suyas, y a pesar que no llovía grandes
nubarrones se intercalaban con importantes claros. Tras el habitual ritual de
echarse al agua, instale con calma el soporte para sujetar sobre la cubierta la
cámara, y poder grabar video mientras remo. Salimos de puerto y el mar estaba
relativamente bien. Tomamos rumbo norte y enseguida vimos una franja de agua
marrón, que se separaba de forma muy nítida del resto del mar esmeralda. Era
producto de las grandes lluvias, y daba al mar el aspecto de un gran río
crecido. Esa franja de mar marrón no la dejamos en todo el recorrido.
Antes de salir
había puesto unos calzos en mi cintura, haciendo mejor el contacto entre mi
cadera y el kayak. Ahora podía controlar con la cadera los movimientos del mar.
Ahora solo me falta poner unos pequeños a la altura de las rodillas, para no
llevar estas tan abiertas. De todas formas me sentí reafirmado en la compra
hecha, puesto que el kayak se comporta muy bien con mala mar. Lo único que no me
gusta es que es muy bajo para mi gusto y las olas cubren con mucha facilidad la
cubierta del kayak. Me costaba seguir el ritmo de Víctor, pero es que estamos
hablando del palista que más corre en todo el club.
Pasamos la
torre del rey, y Víctor se animó a pasar entre unas rocas. Como era de esperar
tras pasar esta zona, la mar estaba mucho mejor. Llegamos hasta pasar Marina
D´or, y Víctor indico un lugar balizado donde las olas eran menores. Salimos con
mucha facilidad. Tras un breve descanso regresamos a puerto. El mar había
empeorado por momentos y las olas rompían bastante antes de llegar a la playa.
Le pedí a Víctor probar mi nuevo cabo de remolque. Estuvimos probando un poco y
lo dejamos estar. Tengo que encontrar la manera de enrollar la cuerda de tal
forma que cuando se tenga que utilizar no se líe. También comprobé que el
esfuerzo para remolcar a alguien es increíble. Las olas eran importantes, y era
mejor dejar el ensayo para otro día. La mar parecía que hervía, y me recordaba
una travesía del año anterior, en la cual las inclemencias eran parecidas.
Sentía como las
olas me entraban por babor y el viento me venia del otro lado. De vez en cuando
tenia que meter la orza para frenar la fuerza del viento, y si lo hacia, parecía
que las olas me llevaban con ellas. Tenia que mirar de reojo las olas porque
alguna podía romperme encima sin avisar.
Llegamos juntos
a la torre del rey y busque separarme para evitar el mayor oleaje. Víctor remaba
muy cerca de las rocas, y había veces que parecía que su kayak saltase encima
del mar. Verlo entre agua marrón parecía como si estuviese haciendo aguas
bravas.
Llegamos a
puerto y allí Víctor me mostró su depurada técnica de eskimotaje dándome unos
valiosos consejos, y la promesa de ayudarme este verano a lograr esta maniobra.
Esta vez el chaparrón nos pilló en la ducha, y no nos mojó.
Al llegar a
casa pude comprobar que muchas fotos habian salido mal, pero el resultado del
video era muy satisfactorio.
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