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Este
sábado tuve la ocasión de probar el
Qajaq Sea Wolf de
Wenley.
Esta prueba significaba algo más, puesto que en caso de ser de mi agrado podía
ser mía, al estar a la venta. Con respecto a este barco mis sentimientos se
reflejan con este celebre pasaje del silencio de los corderos
Hannibal Lecter, el famoso psiquiatra de El silencio
de los corderos, ofreció a la joven teniente del FBI, la primera pista para
resolver el caso que le habían encomendado. El astuto antropófago iluminaba el
camino de la deducción con un meritorio estilo socrático que nos puso a todos la
piel de gallina.
- ¿qué es lo primero que nos mueve? La codicia.
- ¿qué es lo primero que codiciamos? Lo que vemos
todos los días...
He remado en muchas ocasiones junto este barco, y
siempre me había encantado su casco y líneas tan angulosas. Para mi era el kayak
mas bello. El carácter tan especial de su propietario, y los lugares por los que
ha navegado....también eran un plus. La única pega de tan estupendo kayak es su
elevado precio. Este hecho aumentaba más el deseo puesto que pensaba que
difícilmente podría tener un kayak igual. Codicia no es una palabra que me
guste, pero debo reconocer que tenia una ilusión especial por probar este barco,
y que nos "gustásemos".
había llegado el momento de comprobar si tantas
expectativas, casaban con mis sensaciones en el agua. Puse el kayak en la rampa
con mimo, y ajusté los pedales. Una vez dentro del kayak la posición fue cómoda,
y natural. Solo el apoyo de los pies se me antojó estrecho....y luego se
confirmó al final de la jornada. Por lo demás las musleras perfectas, quizás de
canto un poco afilado. Juntando las rodillas entras y sales del kayak con enorme
facilidad, puesto que la bañera es generosa para mi tamaño.
Os dejo las especificaciones antes de entrar en
materia
Construcción fiberglass/diolene
largo 550 cm
ancho 57 cm
bañera 72 x 40 cm
Volumen tambucho anterior 60 lt
Volumen tambucho posterior 90 lt
Volumen tercer tambucho 38 lt
Volumen bañera 188 lt
Volumen total 376 lt |
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Las primeras sensaciones en el agua tranquila del
puerto, con unos vaivenes de cuerpo, fueron de mucha inestabilidad. Por un
momento pensé que aquello se movía demasiado y no era mi barco. Los primeros
metros fueron prudentes buscando conocer al kayak poco a poco. Al menos desde un
principio me pareció rápido, o al menos mucho más que mi
Ysak. Toma
velocidad enseguida y el casco forma dos ondas en el agua a la altura de los
pies. El ritmo de mis compañeros era tranquilo, pero lo podía soportar con
absoluta facilidad. El mar estaba bastante tranquilo, aunque nos venían olas de
popa. El kayak surfeaba muy bien, y poco a poco me fui soltando. Esas
sensaciones de inestabilidad se disipaban por momentos. Solo echaba en falta
unos calzos de espuma en la cadera, para poder hacer mas fuerza con el tronco al
remar.
Sigue el rumbo muy bien, y si bajas la orza va recto
como un tiro. A pesar del tamaño, es manejable, y la dificultad de cambiar de
rumbo creo que viene mas porque debo mejorar mi técnica en este sentido.
Cada kilómetro que iba pasando el navegar se
convertía en algo natural, y de acople entre barco y navegante.
Al volver hacia puerto atrasé los pedales puesto que
había llevado los pies estirados, y no me notaba totalmente cómodo. No lo hice
bien y al poco de salir de la playa, el izquierdo se aflojó. Se había levantado
un poco de mar, y ahora las olas venían por la derecha, y en ocasiones volvían
rebotadas. Ahí es donde el barco empezó a sacar sus buenas maneras. Mantenía muy
bien el rumbo cuando veías que otros kayaks tenían que corregir su marcha. En
ningún momento tuve la sensación de que podía volcar.
Llegué a puerto y bromeaba con los compañeros en el
sentido de que por culpa del anterior propietario, el barco sabría eskimotear
solo.....
Comenzó el habitual ritual de sacar los barcos del
agua, limpiar todo con agua dulce, y guardar todo en su lugar. Mientras hacia
esto rumiaba las buenas sensaciones que había tenido con una mar moderadamente
movida. también me había gustado que salvo el tema de los pedales la postura se
me acopla mucho, me resulta cómoda, y no me cansa.
Justo en ese momento de saborear la jornada, llegó
Wenley con su
Nordkapp.
Quería que la probase, pero no pude. Estuvimos charlando un rato y ya le comenté
mis buenas sensaciones. No quise precipitarme, y quise meditar un poco la
decisión. Han pasado los días y he decidido comprarlo. Creo haber encontrado un
excelente kayak, que gracias a la generosidad de
Wenley puedo
comprar. Ahora solo me falta ponerle
nombre. |