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CATORCE DE ABRIL

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Tras una semana de días nublados y con amenaza constante de lluvia, me había propuesto salir fuese como fuese a navegar el sábado. Nada más levantarme dude al ver el suelo de mi calle mojado.

 Llegue al club y lo primero que hice fue abrir el contenedor. El cuerpo me pedía sentir y ver mi nuevo sea wolf. En realidad era la primera vez que estábamos juntos después de comprarlo. Le hice la primera fase de personalización, poniendo una esterilla para hacer mas acogedor su interior, y poniéndole el distintivo del “nude kayak club”. También estuve probando como iba la el trípode con ventosa para grabar en video.

En una segunda fase pretendo mejorar con espumas mi acomodo y apoyo dentro del kayak. Siempre buscando la mayor comodidad y el poder emplear con seguridad la fuerza del tronco al palear.

Pronto llego Víctor, y el resto de compañeros. La temperatura era un poco fría, y la lluvia fina y persistente. La gente, acostumbrada a remar de forma más periódica que yo, dudaban en salir. Yo sin embargo solo esperaba que alguien me acompañase, puesto que nunca se sabe cuando será la próxima vez que salga a remar, y tenia muchas ganas de sacar el sea wolf. Mis amigos demoraron mucho la salida. Estaban enfrascados en su nuevo proyecto : construir tres kayaks groenlandeses. Es algo que estoy seguro  debe ser apasionante, aunque no puedo abordar por falta de tiempo.

Tras llegar a dudar de si ese día íbamos a salir, alguien dijo “venga va, al agua……”

Salimos tres valientes y nuestra compañera Silvia. Ella sacó su recién estrenado Poli-pro aquilia de un color rosa fosforescente. La verdad es que es un color extraño para un kayak, pero una vez en el agua luce precioso. Esta chica despierta mi admiración porque en el poco tiempo que lleva con nosotros se está convirtiendo en  una excelente navegante. Rema muy bien en cualquier circunstancia y con cualquier embarcación, y es la prueba evidente de que este mundo no es solo para hombres.

Nada más salir de la bocana las olas eran considerables, y el mar de fondo considerable. Al remontar las dos primeras olas ya tuve la sensación de que lo íbamos a pasar mal para volver a entrar, puesto que olas importantes rompían  en un sitio complicado. Con esas primeras olas ya vi como tras pasar la cresta de la ola mi proa caía en el mar, y de vez en cuando sea hundía en el agua.

El mar estaba mal y aun así me sentía bien encima de mi sea wolf. En estas circunstancias podía dirigir muy bien el kayak sin pensar nunca en el timón. Probé un par de veces a poner la orza, pero el kayak se marchaba hacia estribor. Se gobernaba muy bien sin llevar nada. Siendo sincero solo pensaba en no caer, y me ponía un poco nervioso cuando me sacaban cierta distancia mis compañeros : no era el mejor día para volcar. Ya había comentado que el ajuste no es aun perfecto y debo calzármelo con las caderas para sentir que realmente controlo el balanceo del kayak.

Llegamos frente a la torre del rey y allí vimos como venia hacia nosotros un palista. Era Wenley , no podía ser otro, a pesar de que ese día iba vestido con un vistoso chubasquero  naranja. La verdad es que desde mi perspectiva le veía venir, y parecía más un palista de aguas bravas. El grupo se agrupó y emprendimos el regreso hacia puerto. Iba charlando con Wenley sobre sus vivencias en el Simposium Internacional de kayak de mar. La conversación no era fácil porque las surfeadas eran considerables, y mas de una vez tuve que poner la pala para frenar el avance de la ola. Una vez más la sea wolf me daba muy buenas sensaciones.

La bocana del puerto ya la teníamos delante y aseguré en el kayak la cámara, y todo aquello susceptible de ser perdido en un vuelco. Víctor entró primero, y se quedó justo en la entrada. Antonio que entró segundo, perdió un poco la perpendicular respecto la ola, y una ésta le rompió encima, y lo lanzó hacia donde estaba Víctor. Por un momento le perdí de vista, y cuando volvió a aparecer, estaba de costado sobre el kayak de Víctor, y éste abrazando el kayak de Antonio. Víctor, demostrando que está hecho de otra pasta, se jugó el tipo aguantando el embiste del  otro kayak, y sujetando al compañero para que no volcara.

Fue un susto de los gordos….y yo giré mi cabeza para ver si entraba otra ola igual. Remé todo lo fuerte que pude, y entré dentro del puerto, dejando atrás la zona más conflictiva. A mis espaldas Silvia entró como si nada…..

Acabé mojado como nunca pero satisfecho por haber remado por primera vez bajo la lluvia, y amortizar de una vez la compra de mi chubasquero Artistic Nino.

 
 

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