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Este sábado tras la vuelta
de las navidades, muchos éramos los compañeros a remar. Yo por ejemplo llevaba
mas de un mes sin salir. Nada mas llegar y ver la playa de la Concha con el mar
en buen estado, no pude dejar de soltar un "bien!!". Antes de nada me
dediqué a sacar mi preciado sea wolf del contenedor, cambiarle la
riñonera. He ido casi un año con esa pieza rota, puesto que su anterior
propietario y su derroche de eskimos pudieron con la resistencia de este
elemento. Yo que soy incapaz de ver mi kayak con algo defectuoso, solo tenia
ganas de cambiarla. La nueva es mucho mas ancha, y ofrece mas apoyo, aunque una
vez en el agua ni me acordé de ella. En este caso se cumplió aquello de "no hay
noticias, hay buenas noticias". Si que no puedo echar el tronco mas hacia atrás,
y esto será un inconveniente cuando este verano intente de una vez el eskimo.
Entonces me volveré a preocupar de que puede que esta no sea la riñonera
adecuada.
El día lucia soleado, y encima de mi camiseta Reed me puse la camiseta decathlon
con tal solucionar la falta de calor del aquatherm. El agua no estaba fría,
fría, pero no obstante me puse los guantes. Probé un poco la palada, y me los
tuve que quitar. Me resultaron muy muy incómodos al palear. Seguro que es la
falta de costumbre, aunque muy frío deberá ser el día para que lo vuelva a
utilizar. No obstante probé a manejar la sanyo con guantes de neopreono.
Se puede manejar bastante bien, aunque el mando del zoom y del ok, es difícil de
utilizar, aunque posible. Para los mas exigentes la solución pasa por cortar el
guante para dejar el pulgar derecho desnudo.
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El viento era fuerte, aunque nosotros que íbamos hacia el sur
nos venia de oeste (por la derecha). Sin embargo el efecto sobre la línea de la
costa era poco, puesto que las paredes de los acantilados minimizaban mucho su
efecto. La cosa se puso un poco fea a la altura de la pequeña cala de la renegá.
Allí el viento casi nos entraba de pleno, de lado pero en un ángulo muy
cerrado. En estas circunstancias el sea wolf respondió muy bien, y ni por esas
se marchaba apenas de su rumbo. En estas circunstancias es cuando me alegro de
que su proa sea tan baja. La verdad es que fue un día para cuanto menos
acordarme del timón, pero ni siquiera pensé en el ni un momento.
Las condiciones para remar no eran las mejores, y me costo
sentirme a gusto, y con un paleo rítmico y agradable. El trozo peor estaba por
llegar. A la altura de les Playetes, el aire entraba con mucha fuerza, y si te
parabas el aire se te llevaba. Hubo momentos que tuve que sujetar con fuerza la
pala porque algún golpe se aire se me llevaba la pala. Tuve que palear con mucha
fuerza, para que simplemente no se me llevase el viento. Hacia rato que mantenía
un paleo muy bajo, para minimizar el efecto del viento. Cuando llegamos frente
al Voramar, para salir de playa teníamos que ir frente al viento. En esta
situación, tome una postura nueva, y que improvisé. Incliné el cuerpo hacia
delante todo lo que pude, intentando poner una posición lo mas "aerodinámica"
posible. Aquello me recordaba a mis años de adolescente, a bordo de mi
ciclomotor, formando posturitas aerodinámicas en busca de unos miserables
kilómetros de velocidad. Fuera de bromas esa forma de palear me funcionó y salí
antes que otros compañeros.
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Fue una experiencia remar con tanto viento. Por la técnica
improvisada y por lo que se puede llegar a sufrir en esta combate tan desigual.
También me di cuenta que los días de viento hay que llevar el chubasquero porque
las zonas que no están cubiertas, padecen mucho cuando se mojan.
La vuelta fue mucho más simple y fácil. El viento había
minorado, y todo lo que nos quitó para ir, nos lo dio para regresar.
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