Le propuse a mi compañero hacer intercambio de kayaks, y
estuvo de acuerdo. Paramos en una playa, y yo me puse la S´trenc. Entré
precipitadamente al agua, de ganas que tenia de sentir un kayak diferente a mi
Ysak. Con las primeras paladas noté la mayor velocidad y el mejor deslizamiento.
Las sensaciones eran muy diferentes a mi embarcación habitual. Este kayak lleva
pedales, y estaban muy blandos, con lo cual era imposible apoyarme en ellos.
Tenia que forzar mucho la flexión de las piernas para que apoyase bien en los
lados del kayak. Pronto se me cansaron las piernas, y el control en los
movimientos no era adecuado. También notaba ir unos dos centímetros más alto,
respecto mi rotomod. Esto aumentaba la sensación de inestabilidad. Tampoco no
podía apoyar en exceso los riñones, porque la riñonera la notaba muy baja, y
estrecha. Por contra podía recostarme mucho hacia atrás, me imagino que ésto
será muy útil para esquimotear. A pesar de no ser la posición cómoda si que
apreciaba que era mucho mas fácil de mover este kayak que el mío. También es
simple oscilar la embarcación de un lado a otro. Vaya que la estabilidad
primaria no es gran cosa, pero una vez tomas confianza puedes ponerla muy de
costado.
Estoy seguro que con unos tacos de espuma bien colocados en
el kayak, me hubiese sentido más seguro y dominador de la nave. Lo que si que
veo de difícil solución es que olvídate del apoyo de los pies.
Mi compañero, sin embargo no pudo acoplarse mi kayak. Iba tan
embutido y con una posición tan forzada que me pidió enseguida que le devolviese
el suyo ...
Conclusión: cada uno tiene su kayak, en el sentido de que
debe modificarse su interior para sentirse a la embarcación "puesta" como unos
pantalones.
Retomamos cada uno nuestra embarcación habitual, e iniciamos
el regreso a puerto. A poco de dejar la torre Palomera, el mar se puso bastante
mal. Intentamos separarnos un poco de la costa evitando el rebote de las olas,
pero no mejoró mucho la cosa. Las olas nos venían por el costado de la derecha,
y alguna rompía incluso encima nuestra. La verdad es que lo pasamos mal, y yo
personalmente me dediqué mucho rato a pensar simplemente en no volcar. Creo que
ha sido la situación más comprometida en la que he estado en el mar. Tres o
cuatro olas me rompieron encima, y una casi me hace volcar. Al menos mantuve la
calma, hasta llegar a puerto.
Antes de desembarcar, volqué de forma intencionada. Hacia un
año que no lo intentaba, y todo salió perfecto. Sin embargo la subida con el
flotador de pala, fue un fracaso. Tengo que aprovechar los días de calor que
quedan con tal de que salga perfecto.